miércoles, 5 de octubre de 2011

Cómo alcanzar la felicidad

Resulta frecuente oír hablar de personas que atraviesan por una “crisis”, que se sienten “deprimidas” o presas de “angustia”. Estas palabras tienen un significado preciso en psiquiatría y que todos empleamos a veces con cierta ligereza, pero que normalmente responden a una situación real, de insatisfacción profunda, cuyas causas no se acaban de ver con claridad.

Los psiquiatras que tratan de reorganizar el proyecto personal del individuo que se ve afectado por una de estas crisis muchas veces tampoco encuentran una salida porque es la ausencia o frustración del “proyecto personal” lo que provoca esa sensación de infelicidad que parece ir apoderándose cada vez de más personas, y que ningún fármaco o consejo es capaz de proporcionar..

“ NOS HACEMOS AL COMPÁS DEL TIEMPO “

“ ¿ Qué es el proyecto personal ? -se pregunta E. Rojas en uno de sus libros-. Es la operación que yo hago con mi vida llevándola hacia delante. Lo que yo quiero que ella sea, los planes que trazo para el día de mañana. Un hombre equilibrado, sano y maduro es aquel en el cual el presente está empapado de porvenir y el pasado ha sido digerido. Dicho de otro modo: en donde casi todo es futuro. ese futuro es el espacio en donde uno lleva a cabo la realización de su proyecto, en singular.

En este párrafo se advierten ya algunos elementos que permiten aproximarse al nudo de la cuestión: la necesidad de “digerir”, de asimilar el pasado, y de contemplar el presente con vistas al porvenir, de manera que casi todo sea futuro. Cuando se adopta esta actitud, quedan desterradas en el acto posturas tan ineficaces y paralizantes como dedicarse a un continuo “rumiar” el pasado, a lamentar su pérdida, o a “deleitarse con cierta morbosidad en las dificultades presentes".

AMOR, TRABAJO Y CULTURA

Toda persona debe tener un proyecto de vida, en el que mostrará lógicamente un sistema de preferencias, que son las particularidades de ese proyecto, el cual forma una estructura que puede ser representada en un modelo operativo”.

“ Todo proyecto personal - continúa el Dr. Rojas - debe contener tres ingredientes: amor, trabajo y cultura. el sentido de la vida se puede sistematizar en esos tres distritos, los cuales tejen el rumbo de la existencia. La felicidad es una dimensión prospectiva que responde a la realización de nuestro proyecto personal”.

PERSONAL, REALISTA Y EXIGENTE

El proyecto personal - afectivo, profesional y cultural- debe reunir las siguientes cualidades :

1.- La primera nota es que éste es personal. Es diseñado por mi mismo y responde, por tanto, a unas inquietudes, deseos y aspiraciones particularmente subjetivos que reflejan mi forma de pensar y de entender el mundo que me rodea.

2.- Ha de ser realista y exigente. Debo conocer mis posibilidades y limitaciones, además del perímetro de circunstancias que me rodean. Y debe servir como acicate para ir a más, en esa búsqueda incesante por alcanzar una mayor altura profesional, madurez en la vida afectiva y una densidad cultural adecuada a mis condiciones.

CONCRETO E ILUSIONADO

3.- Ha de ser concreto, lo más concreto posible. esto significará que debe tener presentes dos aspectos importantes: primero renunciar a la dispersión, no querer tocar demasiadas teclas, pues el pretender estar aquí y allá conduce a una improductividad por demasía; segundo: debo decir que no a muchas invitaciones del exterior, interesantes y sugestivas, pero que de un modo u otro me alejan de la ruta trazada.

4.- Necesita una programación ilusionada. como dice Julián Marías en su “Breve tratado de la ilusión”: lo decisivo en la ilusión es la anticipación, bien porque algo se acerque hasta mí o porque yo salga a su encuentro. Este organigrama general requiere el concurso de buenas dosis de estos tres elementos: orden constancia y disciplina

EL IMPOSIBLE NECESARIO

Después de trazar, de una manera clara y precisa, los rasgos que enmarcan a todo verdadero proyecto personal, E. Rojas aborda el tema de esa sed de felicidad que afecta a cada uno de los hombres y que es reveladora de su radical insuficiencia de lo cual resulta que “la felicidad es un imposible necesario”.

“ ¿ Qué es lo que puede realmente colmar esta sed insaciable y esa tendencia incontenible del hombre a ser feliz? La respuesta es el bien. ¿ Qué quiere decir esto? El bien debemos entenderlo aquí como que en él no hay nada que no sea bueno, es decir, que tiene la capacidad de satisfacer por completo y definitivamente la más profunda sed del hombre, porque la felicidad consiste en conocer y amar lo bueno. Amar quiere decir estar junto a aquello que se ama. Por eso no hay felicidad sin amor. No es posible, es un ingrediente indispensable para la felicidad. Pero el amor no es suficiente, sino que requiere su incrustación en el proyecto personal...”.

Dios es el que encauza los afectos, estimula el trabajo y es base de la cultura, esos tres ingredientes que E. Rojas considera imprescindibles a la hora de que cada uno haga su proyecto personal. Es también la fortaleza y el consuelo para superar todas las dificultades que puedan presentarse en la realización diaria de ese proyecto de vida y de futuro, sobre todo en los momentos de dificultad.

LA PROPIA REALIZACIÓN

“Feliz se siente, a cierta altura de la vida, la persona cuyo proyecto-realidad es ascendente. Los objetivos propuestos van siendo cumplidos, a pesar de las dificultades - muchas de ellas inesperadas - como se encuentran en tantos recodos del camino . El que me sienta feliz, no implica el cumplimiento de todos mis propósitos de trabajo. Esto es casi una utopía. El hombre es como una sinfonía incompleta, se está siempre haciendo, siempre es superable su actuación, nunca puede decir he alcanzado bastante...Pero es que además la vida es azarosa y puede que mañana cambien el rumbo de los acontecimientos y éstos se tornen difíciles y hagan mi vida casi imposible..

“ La competitividad actual en casi todos los planos del mundo laboral es tan alta que si no la sabemos entender bien es probable que termine problematizándose, llenándonos de agresividad y desconfianza. Cuando se van cumpliendo los objetivos profesionales propuestos, con las naturales modificaciones que la vida comporta, es cuando percibo esa sensación de que estoy realizándome”.

“ soy feliz -concluye- cuando mi vocación como hombre -en mi trabajo, en mis afectos y en el plano cultural- se va desarrollando positivamente y en tanto en cuanto he sabido aceptar los cambios, las modificaciones y la acción de tantos aspectos inesperados como han recaído sobre ella “.

LA VERDADERA FELICIDAD

E. Rojas suministra una serie de puntos de reflexión que pueden ayudar a examinar y corregir las propias actitudes. una breve apostilla debe hacerse, sin embargo, a su afirmación de que “la felicidad consiste en conocer y amar lo bueno”: ese bien capaz de “ satisfacer por completo y definitivamente la más profunda sed del hombre” es -resulta fácil llegar a esta conclusión- Dios, que nunca puede estar ausente de un proyecto personal verdadero y capaz de hacer experimentar esa “expansión y dilatación” gratificante que constituye la felicidad.

Haz tus planes para mañana, pero vive para hoy.


Ayer por la tarde conversaba con una de mis íntimas amistades la cual juntas nos habíamos crecido como personas, esto es: soñado, reído, llorado, disfrutado, simplemente vivido etc.
Recordando viejos tiempos habían transcurrido ya 11 años desde que nos conocimos estudiando en la misma preparatoria. En aquel entonces éramos unas adolescentes de 16 años de edad, por lo cual todo se nos hacia fácil. Nuestra única obligación era estudiar, sin embargo era suficiente con pasar el año pues jamás se nos exigió altas notas académicas. Ella anhelaba terminar la escuela para así poder casarse, tener hijos, una linda casa, una camioneta del año, dedicarse hacer una buena mamá y una excelente esposa. Mientras tanto mis planes eran estudiar toda mi vida, dedicarme a mi carrera por hobby, sin necesidad de trabajar, y contar con una pareja estable. Ambas deseábamos una vida confortable, sin complicaciones etc.
Hoy en día, todo lo anterior quedo atrás: mi amiga es madre soltera de una hermosa e inteligente niña de 7 años de edad, trabaja para educar a su hija. Aún no se ha casado, no tiene absolutamente nada de lo cual anhelaba. Mientras tanto ¿yo? Estoy a cargo de un pequeño negocio y mi mayor placer que es escribir, lo realizo como pasatiempo.
Comento esto ya que entre más precisos pienses que sean tus planes, más duro será el golpe que el destino te dé. Sin embargo es nuestra capacidad de adaptación y carácter lo que nos ayuda a seguir adelante, a sentirnos realizados como personas en el lugar en que nos encontramos. Simplemente encontrándole significado a nuestra existencia, viviendo felices con lo que tenemos y no frustrándonos por aquello que en este momento no está alrededor nuestro.
No olvidemos que la vida es un aprendizaje y cada situación que nos toca vivir existe porque hay una lección que aprender.

lunes, 3 de octubre de 2011

Tú eres el arquitecto de tu vida


Tú eres el arquitecto de tu vida


Tú eres el arquitecto de tu vida. Y si la vida no te ha sido muy favorable hasta ahora, el futuro puede cambiar y depende especialmente de ti. Si has tenido muchos fracasos, estás en una excelente posición para comenzar una nueva vida, pues eres experto en conocer cómo no deben hacerse las cosas. Cuando tú sabes qué es lo errado, no lo repetirás en el futuro y te acercará cada vez más al éxito.
A partir de hoy tu vida puede tomar dos rumbos. El éxito o el fracaso. La felicidad o la infelicidad. Es tu decisión cuál camino tomar y tienes igual oportunidad de seguir uno u otro sendero. Tienes las mismas posibilidades para cualquiera de los dos.
Se está perdiendo la capacidad de asombro ante lo ordinario, cada vez se saborean menos las cosas cotidianas de la vida. Resulta difícil abstraerse de esta corriente pero es necesario si queremos ser felices.
¿Culpas a los demás de lo que te sucede? La única manera de salir adelante en la vida es no culpar a los demás de lo que te ocurre en la vida
La forma de tomar el sendero del triunfo es... ¡dejar de culpar a los demás! Asumir tu propia responsabilidad y virar hacia una actitud mental positiva y constructiva.
Elimina los "si no fuera por...". "Si no fuera por mis padres yo habría hecho...", "si no fuera por este gobierno, yo estaría...", "si hubiera tenido dinero...", "si me consideraran en la oficina...", "si mi marido me hubiera respetado...", etc. Nada soluciona el culpar a los demás. Si las cosas te sucedieron, es en gran parte tu responsabilidad. Asúmela y tu vida cambiará.
Para ser feliz es necesario luchar por ser ordenado, generoso, sincero, humilde, laborioso y tantas otras virtudes. La única manera de adquirirlas es viviéndolas día a día, paso a paso.
Nunca como hoy la humanidad había alcanzado tan altas cosas de bienestar, cada vez mas gente tiene acceso a más cosas y posibilidades y sin embargo la sensación de felicidad no solo no aumenta sino que lo que aumenta es la frustración.
¿Qué entendemos por amor, por amistad? Suele caerse en lo fácil, en el sentimentalismo y con el en la falta de madurez afectiva.
El amor y la amistad están más relacionadas con dar y darse que con el sonido de violines y hormiguillo en el estómago. El amor exige renuncia y sacrificio y es propio de una persona madura. El amor entendido exclusivamente como sentimiento es fuente de frustración ya que el sentimiento es oscilante.
La amistad es cultivarla, es tener presente que el tener un amigo es una responsabilidad maravillosa ya que recibes más que lo que tú das.
El amor y la amistad necesitan de trabajo diario, ese amor de amigo de hermano es el auténtico, el que da sentido a la vida y nos hace felices.
El amor tiene relación con nuestras relaciones con Dios y con los demás. En ese apartado “con los demás” también hay un orden: el primer lugar lo deben ocupar los mas próximos: la familia. El segundo lugar lo ocupa el trabajo, un trabajo realizado profesionalmente y de la mejor manera posible, con esfuerzo y el tercer lugar, que es el más importante, es SER FELIZ. Y eso sólo depende de ti, de lo que tú siembres a cada paso de tu vida.

Compartir


Si nos situamos en el presente conectándonos con esa fuente interna que todos tenemos, y elegimos dejar fluir todo lo que en ese momento queremos manifestar estaremos dando un gran paso que nos permitirá ser mucho más efectivos a la hora de compartir.
Desde que el ser humano descubrió lo agradable que es compartir con sus semejantes se ha sentido motivado a continuar, haciéndolo en un ejercicio de su libre albedrío mediante el cual está en capacidad de elegir libremente a quien darle lo mejor de sí mismo.
Aunque no nos lo parezca de primera impresión por todas las incongruencias que comúnmente encontramos a nuestro alrededor, en el fondo sí existe esta motivación a compartir. En realidad, detrás de cada una de estas incongruencias se encuentra un motivo, el cual, si fuéramos capaces de comprender nos facilitaría integrarnos al medio que nos rodea para así poder compartir en un sentido más amplio, que es lo que en realidad se busca.
Pero, ¿qué es compartir realmente? Simplificando podríamos decir que es dar y recibir, dar siempre lo mejor de nosotros para así estar en condiciones de recibir lo que otros tengan para darnos; y es precisamente concentrándonos en dar que podemos facilitar que mejoren nuestras relaciones personales.
Sucede que en la actualidad las personas se concentran más en pedir e incluso en exigir, perdiendo de vista lo importante y satisfactorio que puede ser dar primero, abriendo el camino que le permita a nuestras acciones regresar a nosotros multiplicadas. Si es correcto, todo lo que damos vuelve a nosotros después de crecer y aumentar tanto en cantidad como en calidad y en ello radica la importancia de saber escoger a la hora de dar, de lo contrario podríamos vernos en la situación de desear que lo que se nos devuelve fuese diferente.
Es importante tomar en consideración que para dar tenemos primero que tener, pues en realidad nadie puede dar lo que no tiene. Desde este punto de vista cabe preguntarnos si tenemos nosotros lo suficiente de aquello que esperamos recibir, porque de otra manera no estamos en condiciones de dar efectivamente y por supuesto, no recibiremos lo que esperamos.
Cabe preguntarnos entonces ¿tenemos suficiente de aquello que pretendemos recibir?, ¿estamos dando tanto como realmente podemos?, ¿qué es lo que realmente esperamos recibir de las demás personas? Tras este análisis podremos ver claramente cuál es nuestra situación actual y estaremos en mejores condiciones de hacer los ajustes que nos permitan compartir de manera más efectiva con nuestros seres queridos.
Sergio Valdivia compartiendo
En realidad, en su interior cada ser humano guarda grandes tesoros, sólo que en algunos casos no los ha descubierto; pero una vez que se pone en contacto con estos tesoros, lo referente a si tenemos suficiente de aquello que pretendemos recibir queda relevado a un segundo plano; y esto nos permite concentrarnos en evaluar si estamos dando tanto como realmente podemos. En este caso entran en juego otros factores, pues el ser humano está dotado de una inmensa capacidad de dar, es solo que a lo largo de su vida pudo haber acumulado experiencias que por alguna razón le hicieron modificar su comportamiento en cuanto a permitir la libre expresión de aquello que se siente motivado a dar, o simplemente el medio en el cual creció no le brindó las suficientes oportunidades de presenciar lo que puede ser el compartir en armonía.
Las razones que le impulsaron a tomar esta decisión de modificar su comportamiento pueden ser tan variadas como seres humanos hay en este planeta. Lo cierto es que cada persona reacciona de manera diferente ante determinadas situaciones. Mientras que lo que para unos puede ser catalogado de poco importante, para otros puede ser una cuestión sumamente relevante; y es precisamente esta diversidad de criterios ante las mismas circunstancias que hace de los humanos los seres más interesantes del planeta.
Partiendo de esta comprensión estamos en mejores condiciones de entender por qué a algunas personas les cuesta dar, aun cuando su intención sea precisamente esa. En esos casos puede sernos de utilidad situarnos en la experiencia que estamos viviendo en el momento, pues si bien es cierto que de la experiencia se aprende y este conocimiento nos ayuda a evitar repetir los errores, no es menos cierto que si adoptamos una actitud de predisponernos esperando que nos vuelvan a suceder las mismas cosas, estamos en cierta forma dificultándonos tener éxito en una nueva experiencia.
Si nos situamos en el presente conectándonos con esa fuente interna que todos tenemos, y elegimos dejar fluir todo lo que en ese momento queremos manifestar estaremos dando un gran paso que nos permitirá ser mucho más efectivos a la hora de compartir, principalmente en lo concerniente a dar. Para esto es necesario superar los residuos que aún pudieran quedarnos de experiencias pasadas, o en el caso de no tener puntos de referencia en cuanto a cómo llevarlo a cabo, comenzar a hacerlo por ensayo y error realizando los ajustes que sean necesarios a medida que se nos presenten. Pero si no comenzamos a dar es poco probable que alguna vez lleguemos a recibir tanto como aspiramos.
Una vez que comenzamos a dar se hace evidente que a medida que más damos más cómodos nos sentimos al hacerlo y comenzamos a recibir lo suficiente como para ayudarnos a superar cualquier obstáculo que podamos tener en este sentido. Nos encontramos entonces en capacidad de ver la vida desde un punto de vista que hasta ahora no habíamos sido capaces de apreciar y podemos reconocer en él lo sencillo que puede ser mejorar nuestras relaciones personales con un mínimo de esfuerzo, contribuyendo así a elevar el nivel de armonía a nuestro alrededor.
A partir de ese momento nos damos cuenta que aquello que antes podíamos habernos planteado como lo que deseábamos recibir de los demás era en realidad lo que nosotros mismos queríamos darles y por alguna razón, ahora superada, no éramos capaces de expresarlo de forma efectiva.
Con el pasar del tiempo se hace evidente que el compartir no cuesta nada, pero puede contribuir a elevar nuestro nivel de satisfacción personal y el de las personas con quienes tenemos trato a diario. Y nos damos cuenta también que al compartir lo que tenemos no restamos, sino que por el contrario, sumamos pues al final siempre tenemos más de lo que pensábamos, no sólo por lo que recibimos a cambio, sino también por cuanto más vamos descubriendo que tenemos dentro para compartir.

Principios a incorporar para tener calidad de vida

Tomaremos como base algunos conceptos del Prof. Dr. Eugenio Selman, presidente del Comité organizador del 1er. Congreso Internacional de Longevidad Satisfactoria. Sus ideas coinciden plenamente con lo que hemos venido enseñando y practicando todos estos años en nuestro Instituto Círculo Aleph. 


La vida es una sucesión de retos, y los retos, de por sí, son un motivo más para vivirla y disfrutarla.
Pero, además, la vida es bella y está llena de detalles que la hacen merecedora de ese disfrute:
Desde la sonrisa de un niño, pasando por la mirada de una mujer (o de un hombre en el caso de las damas), contemplar una flor o percibir su aroma, la mano que nos sostiene cuando vamos a caer, quien se conmueve sinceramente ante nuestro dolor, el disfrute de un libro o una obra de arte, hasta la satisfacción por el trabajo bien realizado, son algunos de los millones de fenómenos con los que contactamos a diario y que hacen que la vida sea un don invaluable del que todos debemos disfrutar y desear prolongar.
Los científicos han calculado que el ser humano puede vivir entre 120 y 140 años. Algunos más optimistas u osados llevan estos años a cifras más elevadas.
Sin embargo, vemos que la expectativa de vida máxima alcanzada hasta ahora ha sido de 80 a 81 años por los japoneses.
Por otra parte, se pueden contar con los dedos de las manos las personas que han rebasado los 110 años comprobados documentalmente.
Se observa que los adultos mayores cuando rebasan cierto número de años tienen una serie de insuficiencias, limitaciones y padecimientos que reducen en mayor o menor medida el disfrute de la vida, llegando en ocasiones a que ésta se convierta en sufrimiento, dolor y desesperación para estas personas y sus familiares.
Para evitar estas molestias y sufrimientos (generalmente producidos o agravados por los errores cometidos en el proceso que llamamos civilización de la humanidad) se han propuesto y cada día se proponen métodos y acciones que, a pesar del entusiasmo y la esperanza que despiertan, no han logrado su objetivo y después de un tiempo más o menos prolongado caen en el olvido.
Nosotros estamos seguros de que los continuos avances de la ciencia y la técnica contribuirán cada vez más a lograr el objetivo propuesto de una longevidad satisfactoria.
También es fundamental que a estos avances hay que ayudarlos de una forma decisiva con el aporte personal para lograr ese gran objetivo de nuestra vida.
Plantearemos una serie de principios bien establecidos que deben incorporarse conscientemente en nuestro quehacer diario y que son:
1.- Utilizar la mente y su órgano de expresión, el cerebro, ya que es el controlador de todas las actividades del cuerpo humano. 
2.- Darse cuenta que el ser humano es un animal de hábitos.
3.- La importancia de una actitud positiva hacia la vida.  
4.- Reconocer que órgano que no se ejercita se atrofia. 
5.- Comprender que todos los excesos son dañinos.
6.- Identificar los elementos nocivos a la salud. 
7.- Aprender que las transgresiones esporádicas (si no son máximas) se compensan. 
8.- Aprovechar las acciones cotidianas al máximo posible.
9.- No autolimitarse ni permitir que nos limiten.

Educar en el amor


El odio puede nacer de varias maneras. Un adulto empieza a odiar porque ha sufrido una injusticia o, en casos más graves, porque ha visto cómo asesinan a un familiar o a un amigo. Tal vez uno odia porque ha dejado crecer en su corazón una envidia, un desprecio indefinido y confuso hacia una persona o grupo. 
Otras veces el odio es el resultado de un cierto ambiente familiar o social. Algunos odian porque se les ha enseñado desde pequeños que otros (blancos o negros, chinos o rusos, cristianos, judíos o musulmanes) son, simplemente, "malos".  
Se aprende en casa 
La familia no sólo existe para promover la ayuda y el cariño entre los que forman parte de ella, sino para desarrollar entre los hijos una serie de virtudes que son fundamentales para la convivencia con los demás hombres y mujeres que viven en nuestro planeta. 
El comportamiento de mañana depende de lo que hoy cada hijo respira en medio de las caricias o de las discusiones de sus padres. 
El niño aprende a pensar en casa que los vecinos son amigos o son enemigos; que los niños y las niñas merecen el mismo respeto o si es mejor ser hombre que mujer (o al revés). 
También aprenden que hay que respetar o despreciar a los que son de religión distinta de la propia. A seguir las reglas de tráfico, respetar los juguetes que se encuentran en una tienda, ayudar a un anciano a cruzar la calle. 
Todo eso será posible si en su casa ven que sus padres les dan ejemplo y les enseñan las normas fundamentales de educación y de respeto. 
Lo mismo es para la escuela
 Para muchos niños la escuela es una oportunidad especial para convivir con otros pequeños. Si en la calle escogemos los amigos con los que vamos a jugar, en la escuela nos sentamos con otros compañeros que quizá pueden resultar antipáticos, pero con los que hay que estar durante varias horas al día. 
Aquí nace uno de los principales retos para los maestros: ayudar a todos los niños a tener un verdadero cariño para con los que viven junto a ellos, aunque tengan los ojos torcidos o tartamudeen cada vez que se les pregunta un problema más difícil de matemáticas. 
Una labor social 
Pero ni la familia ni la escuela son suficientes. Toda la sociedad tiene que organizarse de forma que los niños y los adolescentes (e incluso los adultos) vean que el respeto y el amor son lo más importante. 
Es cierto que el amor no puede ser mandado por la ley, pero también es verdad que sí puede exigir el respeto hacia tantos hombres y mujeres que, por desgracia, son víctimas de discriminaciones, injusticias o malos tratos. 
Por ejemplo las personas con alguna discapacidad. Se conocen casos de familias que cambian profundamente porque en ellas nació un niño que requiera atención especial. Gracias a él se crea una unión entre padres e hijos, entre los mismos hermanos, pues todos descubren en el más débil a alguien que pide amor y que enseña lo importante que es el cariño sin límites. 
Ocurre algo parecido en aquellas escuelas que admiten, por ejemplo, a niños con problemas de aprendizaje. Alrededor de ellos se crea un ambiente de cariño y de respeto que transforma la vida de todos los del salón. 
Por desgracia, no todos actúan de este modo, y no faltan los ejemplos negativos, incluso con aprobación de leyes escritas o de costumbres más o menos aceptadas en la vida social. 
Por ejemplo, hay sociedades que llevan a la cárcel a los que tienen una religión diferente de la que tienen los gobernantes, o que aceptan el trabajo, en condiciones de esclavitud, de miles de niños de familias pobres. 
En la actualidad 
El ser humano se horroriza por los actos terroristas, le duele ver a israelitas y palestinos luchando año tras años con un odio feroz. 
Llora por los cientos de miles de adultos y de niños asesinados en conflictos raciales, como los de Ruanda y Burundi, en África. Se lamenta por lo que ocurre más o menos lejos, fuera de sus ventanas. 
Pero resulta mucho más importante ver lo que se está haciendo por los hijos, lo que se enseña en las escuelas, lo que se aprueba en algunas leyes o comportamientos públicos. 
Mientras se espera que los políticos hagan su parte para promover una civilización del amor y del respeto, cada familia tiene un papel muy importante que puede ejercitar ahora mismo. 
Desde luego, es posible que incluso los mejores padres descubran un día que uno de sus hijos se ha convertido en un criminal. Pero esos casos serán excepcionales. 
Lo normal es que buenos hijos y buenos ciudadanos sean la continuación de una siembra de cariño que empezó en sus hogares y en sus escuelas. El ejemplo arrastra. Y podemos conseguir que arrastre a millones de niños hacia el bien y la justicia que deseamos. 
En busca de una solución 
— Evitar cualquier discusión de los papás frente a los hijos, para que nunca se escapen palabras o gestos que sean señal de poco amor. Los niños son muy receptivos, incluso cuando aún no saben hablar, de modo especial cuando son los papás quienes dan un ejemplo positivo o negativo. — Tratar a todos los hijos de la forma más justa posible. Esto no significa tratarlos a todos por igual (cada uno es diferente), pero sí que cada uno piense que es querido igual que sus hermanos. — Enseñar el arte del perdón. Es normal que se den peleas entre los hermanos, los papás tienen que dar ejemplo y enseñar a los hermanos a perdonarse entre sí. — Evitar cualquier comentario negativo contra grupos concretos de personas. Por ejemplo, no criticar a "los árabes", ni a "los gallegos", ni a "los indios". — Dar criterios ante las noticias de crímenes, terrorismo, guerras raciales, etcétera, para que los niños puedan distinguir, por ejemplo, entre el soldado que enloquecido asesina a unas personas en un bar, y los demás soldados de su batallón que pueden ser buenos o malos. En otras palabras: si un musulmán comete un acto de terrorismo no podemos despreciar en casa a todos los musulmanes. 
— Observar qué tipos de ejemplos se ofrecen a nuestros hijos en películas, caricaturas, juegos, etcétera. Muchas veces el odio inicia a partir de la sangre ficticia que aparece en un juego electrónico o por culpa de una película en la que todos los japoneses son pintados como enemigos de la humanidad.

sábado, 1 de octubre de 2011

LA VIDA ES BELLA

¡La vida es bella!. Me recuerda el titulo de una película ya no tan reciente, que si mi memoria no me traiciona creo que es italiana.
En ella se maneja simple y sencillamente eso, que: "la vida es bella", a pesar de las situaciones catastróficas, desastrosas y difíciles de las que viene acompañada.
"La vida es bella", me parece una frase que encierra el deseo de alcanzar la felicidad, por tratar de ver con otro cristal las anomalías, crisis y demás actos negativos de la vida misma.La vida nos ofrece la gran y única oportunidad de sentir, ver, oír, tocar, etc., todo lo que ella nos ofrece, como el cielo, el mar, las montañas, el canto de las aves, en fin, un sinnúmero de maravillas.Disfrutar de la vida es muy importante, pero sobre todo darnos la oportunidad de crecer y valorarnos como seres humanos día con día.Debemos darnos la oportunidad de conocernos a nosotros mismos, preguntarnos:-¿Qué nos gusta sentir?-¿Qué nos gusta ver?-¿Qué nos gusta disfrutar?-¿Qué nos gusta oír?
-¿Qué nos gusta tocar?
Estas son algunas de las preguntas que nos ayudarán a introducirnos poco a poco en nuestro interior, ya que con el ritmo de vida tan acelerado que llevamos, muchas veces nos enfrascamos en problemas, arbitrariedades, conflictos, que nos impiden realmente darnos cuenta de quienes somos, así como, del verdadero sentido de nuestras vidas en este mundo.Todos los seres humanos tenemos una misión de vida, ya sea como padres, hijos, hermanos, profesionistas, deportistas, etc., que debemos llevar a cabo.
Ver la vida positivamente, nos eleva la autoestima, nos proporciona seguridad tanto interna como externa, pero sobre todo nos pone en el camino de la felicidad
Para encontrar el inicio de este camino rumbo a la felicidad, los seres humanos debemos querernos, aceptarnos y valorarnos a nosotros mismos, con todos nuestros defectos y virtudes, pues si lo logramos, estaremos sintiendo paz y plenitud, con lo que soy, con lo que poseo en mi interior, y con las herramientas que la vida me ha dado para salir adelante.Tal vez la frase: "me quiero a mí mismo", te resulte o te suene un poco a egoísmo, pero creo que no es esa la idea, pues en caso de realmente ser una persona egoísta, esta llega a sentirse superior ante los demás, tiende a pisotear a los demás sin detenerse a pensar en daños y consecuencias negativas, con tal de obtener sus fines pues no conoce el respeto por sus semejantes.Mientras que, si tu autoestima es alta y te quieres a ti mismo, estarás contento con lo que eres y con lo que tienes para dar, estarás seguro de ti mismo y querrás transmitir a los demás el bienestar, la calma, la paz y la alegría de tu interior.
Estarás en armonía con la vida.


¿Que podemos decir ante imágenes como éstas?

Solamente agradecer a quien tuvo la paciencia de registrarlas 
y hacernos participar de esta belleza natural. 

Y la vida continúa,  el ciclo se repite inexorablemente.


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