martes, 2 de julio de 2013

Define tus metas de ventas

 Antes de salir a conquistar clientes, aprende a trazar los objetivos de ventas y obtén lo que buscas para tu empresa.
Las ventas son una parte esencial de la razón de ser de todo negocio. “Una empresa tiene que vender con ritmo porque eso hará que genere riqueza”, dice Nicolás Hauff, director general de la consultora E-Myth. De ahí que la valía del área responsable de cerrar los tratos radica en su capacidad para lograr las ventas, pero también hay que considerar que con frecuencia en la práctica sus integrantes contribuyen a la construcción de la marca.

Para empezar, visualiza la relación entre el marketing y las ventas como una alfombra mágica: para que la marca vuele, la mercadotecnia aporta la magia, mientras que la fuerza de ventas la alfombra. Esta imagen es obra de John Bello, uno de los fundadores de SoBe, empresa de bebidas estadounidense por la cual Pepsi pagó US$370 millones a principios de la década pasada, y quien apuntaló su negocio a través de una extraordinaria fuerza de ventas.

Un vistazo a la forma en que trabaja el personal de ventas del fabricante de aviones Airbus, según lo describe el gurú del marketing Philip Kotler en su libroPrincipios de la Mercadotecnia, da una buena idea de la relevancia que tiene esta área en una compañía. En este caso, el departamento comercial está a la cabeza de un equipo de varios especialistas: técnicos en ventas y servicio, analistas financieros, planificadores e ingenieros, todos dedicados a encontrar formas de satisfacer las necesidades de sus clientes.

Una venta en esta industria es compleja y desafiante, pues en ocasiones representa cantidades de miles de millones de dólares y un trato puede tardar años en cerrarse. Para lograr su cometido, los vendedores se vuelven expertos en sus clientes: las aerolíneas. Saben cuáles quieren crecer, cuándo reemplazarán aviones y los detalles de su situación financiera.

Por otra parte, el equipo simula en computadora las rutas de la aerolínea realizadas por sus aviones y los de la competencia, el costo por asiento y otros factores para demostrar que sus aeronaves son más eficientes. Luego, comienzan las negociaciones de alto nivel. Después de obtener la orden de compra, la gente de ventas mantiene contacto cercano con la cuenta para dar seguimiento a sus necesidades de equipamiento y asegurar la satisfacción.

Para que la fuerza de ventas consiga los resultados deseados, debes tener cuidado en el proceso que utilizas para establecer las metas. Esto parece obvio, pero en la mayoría de los casos se descuida. Según Rigoberto Acosta, MasterCoach de 
ActionCOACH, “más del 90% de las empresas no tiene metas claras” ni un plan para alcanzarlas.
Tiempo de planear
El proceso para establecer metas de ventas, tarea que recae en el área comercial de la empresa, se lleva a cabo con base en los siguientes aspectos:
Mercado. Conoce sus características y cuál es la aceptación que tiene ahí tu producto o servicio.
Análisis. Por un lado, examina las metas que determinaste para el año pasado y cuáles fueron sus resultados; ya sea que estos sean superiores o inferiores a lo previsto, debes entender por qué. Por otra parte, considera si los supuestos de los que partiste siguen vigentes o si han ocurrido cambios que afecten el logro de objetivos.
Acuerdos. Si deseas que la gente responsable de ventas se comprometa con las metas que vas a establecer, haz que participen en su formulación. Un acuerdo mutuo provoca que la fuerza de ventas se involucre y responsabi-lice en alcanzar los objetivos determinados. Además, al evitar imponerle una cuota, el personal del área comercial pierde la mayor excusa para no cumplirla, pues no puede argumentar que es poco realista.
Mediciones. Decide en qué aspectos quieres fijar metas y cómo y con qué frecuencia las medirás. Kotler enuncia diferentes tipos de objetivos dependiendo del enfoque:
Consumidores. Incrementar ventas a corto plazo; ganar cuota de mercado a largo plazo; motivarlos a probar nue-vos productos o servicios; alejarlos de la oferta de la competencia; mantener y recompensar a los clientes leales.
Canales. Motivar a los minoristas a ordenar nueva mercancía y más inventario; inducirlos a que anuncien tu pro-ducto y le den más espacio en anaquel; persuadirlos a comprar por adelantado.
Fuerza de ventas. Conseguir mayor apoyo de la fuerza de ventas para productos nuevos o tradicionales; estimular a los ejecutivos de ventas para que consigan nuevas cuentas.
Es recomendable que además de metas relacionadas con volúmenes de venta establezcas objetivos relacionados con la actividad de los vendedores. Esto puede incluir el número de oportunidades buscadas, de propuestas generadas y de ventas resultantes.
Un indicador útil es la razón de cierres, calculada al dividir el número de ventas entre el número de presentaciones realizadas a clientes. Y si tus vendedores tienen un margen de maniobra respecto al precio que ofrecen por tus productos o servicios, también da seguimiento al margen de utilidad de los negocios que cierran.
Metas inteligentes
Una buena forma de establecer un objetivo es a través de la metodología conocida como Smart (que en inglés significa inteligente y que también es un acrónimo de los conceptos específico, medible, alineado, realista y realizado en un tiempo determinado).
Ser específico significa evitar las generalidades. Decir que quieres facturar lo más que se pueda o ser el mejor vendedor de la compañía es ambiguo. Los buenos propósitos tienen que traducirse en objetivos concretos: en el caso de las ventas debes especificar una cifra y por otro lado, definir en qué mercado. Tal vez se trate de empresas, personas físicas o gobierno, o una combinación de ellos. En ese caso, define cuánto vas a vender a cada cliente y qué productos o servicios de tu portafolio.
Por ejemplo, un fabricante de muebles que quiere un 5% de cuota de mercado en un año.
Una meta concreta facilita que sea medible. De lo contrario, es imposible cuantificarla y comparar los resultados que obtienes frente a los que te propones alcanzar. Esto permite evaluar periódicamente el avance que tienes en la consecución de tu objetivo.
En el caso de la mueblería, una cuota de mercado en 12 meses quiere decir que las metas de participa-ción de mercado pueden medirse cada mes frente a un objetivo específico.
Un objetivo debe estar alineado. Esto en la misma dirección de las grandes metas de la empresa, que no se reducen sólo al área de ventas. También abarcan aspectos como tener un determinado número de días en cuentas por cobrar o mantener niveles establecidos de inventario de materias primas o producto terminado. “Tus metas de ventas no deben estar reñidas con las otras metas de la organización”, dice José Viller, socio de Viller Capacitación y Consultoría.
El objetivo de la mueblería está alineado con la empresa si este incremento no generará presiones en la proveeduría de insumos ni la distribución del producto terminado.
Una meta realista es aquella que resulta viable. Esto luego de evaluar los recursos de que dispone una compañía, así como su situación particular; incluyendo tanto sus ventajas y limitaciones como las oportunidades en el mercado y los riesgos percibidos.
La mueblería es realista en la medida en que su capacidad (de gestión, producción, ventas y distribución) y sus recursos (humanos, económicos y de infraestructura) le permitan concretar el objetivo en el periodo de tiempo determinado.
Un objetivo que no tiene un tiempo para cumplirse normalmente no se logra. Es fundamental que una vez que hayas fijado una fecha límite, la respetes y encuentres la manera de lograr la meta propuesta, no de bajarla o posponerla, asegura el coach Acosta. Por otro lado, una vez establecido un periodo determinado, éste puede ser dividido en fracciones más pequeñas (semanas, meses) que facilitarán el monitoreo de tu progreso.
La mueblería ha determinado un tiempo de 12 meses para alcanzar su objetivo.
Los especialistas coinciden en que la frecuencia para evaluar si las metas propuestas se están cumpliendo debe ser tan seguido como sea posible. Pero más allá de la asiduidad, tu atención debe estar en los indicadores que hayas planteado para evaluar el desempeño.
Estas “luces de alerta” te indican si algo no funciona de la manera que esperabas, señala Georgette Viller, socia de Viller Capacitación y Consultoría. Y ya sea que tus resultados no se cumplan o incluso se superen, lo fundamental es que entiendas la razón para que puedas corregir el rumbo o bien, replicar lo que sí funciona. 

lunes, 1 de julio de 2013

Bienestar, Como Conseguirlo

Bienestar… ¿qué es eso?
¿Has pensado alguna vez en qué es para ti el bienestar? Si tu hijo o hija, algún sobrino o nieta escuchara esta palabra, por ejemplo, en la televisión y te preguntara qué significa, ¿qué le contestarías? Inténtalo…
Si te cuesta definir el bienestar no te rindas… esto suele pasarle a la mayoría de las personas. Este fenómeno es muy curioso porque no tendríamos la misma dificultad en definir algo negativo como nuestras experiencias de estrés, pero nos resulta más complicado hacerlo para las agradables y deseables como el bienestar.
Sin duda, el objetivo final que queremos conseguir a través de nuestro bienestar es lograr una mejor existencia. Lo que significa poder ser la persona que uno quiere y poder hacer las cosas que uno desea, al mismo tiempo que obtiene satisfacción personal. Pero, ¿cómo se consigue esto?
Los 4 ingredientes del bienestar
Hay cuatro importantes ingredientes indispensables para sentar las bases de un sólido y duradero bienestar.
  1. El primero es tomar conciencia de cómo te quieres sentir cuando estés bien, qué quieres hacer, dónde quieres estar, etc. Sería contestar a la pregunta inicial de este artículo. Y también entender cuánto lejos estás de este objetivo. En tomar conciencia de lo que significa para ti estar bien, es muy importante el aspecto personal, es decir el sentido que tú das a esta palabra: para ti podría significar, por ejemplo, hacer deporte, tener un trabajo sencillo y rutinario, tener una buena apariencia; para otra persona podría significar comer bien, tener un trabajo creativo y diferente cada día, tener energía. Cada uno tiene su propia definición.
  2. El segundo ingrediente del bienestar es que el proceso para conseguirlo debes empezarlo y llevarlo a cabo tú de forma activa. No lo puede hacer otra persona por ti. Las medidas pasivas (es decir las donde alguien o algo te procura bienestar) proporcionan beneficios temporales, pero si quieres un bienestar duradero debes tener una actitud activa, buscando la mejor solución para ti y ponerte en ella. En una palabra no esperar que el bienestar te caiga del cielo.
  3. El tercer ingrediente para conseguir tu bienestar es tomar las decisiones que más te acerquen a él. Parece muy sencillo, pero ¿cuántas veces has tomado aquel café más que sabias te sentaría fatal? Y ¿cuántas veces no has ido a hacer deporte aunque sabias que te sentaría muy bien? Quienes somos en este momento depende en larga medida de nuestra historia y de las decisiones que hemos tomado hasta ahora. Cada día tenemos oportunidades de elegir una cosa u otra y mientras algunas nos alejan de nuestro bienestar otras nos acercan. Y no hacen falta decisiones radicales: con decidir, por ejemplo, eliminar este café y reemplazarlo con algo que nos siente mejor ya estamos creando la percepción de una persona “nueva”. Con cada decisión que tomamos nos hacemos una persona nueva…
  4. El cuarto ingrediente es la acción. Si tienes claro qué es para ti el bienestar pero no actúas concretamente para conseguirlo… se quedará un castillo en el aire. Recuerda que como actuamos, define quienes somos. Simplemente decidir cambiar algo en nuestra vida es un paso importante que nos hace desear sentirnos diferentes y mejores pero si nos queremos realmente sentir diferentes tenemos que hacer algo para lograrlo. Es decir, por ejemplo, que una vez decidido no tomar este café, tenemos que organizarnos para poner en marcha y actuar esta decisión.
Los tres errores más comunes
La falta de algunos de los 4 ingredientes fundamentales del bienestar lleva a un fracaso asegurado en el intento de conseguirlo: a menudo estamos mal no tanto porque sea imposible conseguir un mejor estado, sino simplemente porque no sabemos definir correctamente este estado que queremos lograr. Sobre todo a la hora de tomar conciencia y definir nuestro propio bienestar, solemos cometer 3 errores muy básicos.
  1. El primero es pensar que el bienestar sea un resultado o algo que tengamos que lograr. No es eso. El bienestar es un proceso continuo de creación de las condiciones para que estemos bien. Eso quiere decir que las decisiones y las acciones que lo promueven deben convertirse en una costumbre, en un estilo de vida, en una rutina que produzca continuamente mejoras a nuestra existencia.
  2. El segundo error que se suele cometer es pensar en el bienestar a través de conceptos expresados en forma negativa: no estar mal, no sentirse cansado, no estar enfermo, etc. Nuestra mente no puede pensar y ver “en negativo”. Si alguien te invita a un viaje diciéndote que no vais a ir a Paris, ¿tienes idea de si te apetece o no juntarte sin saber el destino? Nuestra mente no nos puede ayudar a lograr nuestro bienestar si solo sabe que es lo que no queremos: necesita saber que es lo que queremos.
  3. El tercer error es ser muy poco preciso a la hora de definir el bienestar. La gran mayoría de las personas que no consiguen llevar a cabo un programa de dieta son las que no saben exactamente cuánto quieren pesar al final o qué ropa quieren volver a poderse poner o cómo quieren aparecer. No te limites por ejemplo a decir que tu bienestar significa hacer deporte: ¿qué deporte?, ¿qué frecuencia te sentaría bien?, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿qué nivel de habilidad quieres alcanzar en él?, ¿cómo te quieres sentir haciéndolo?
Si evitas caer en estos tres errores y procuras definir tu bienestar a través de los cuatro ingredientes mencionados arriba, te será mucho más fácil conseguir sentirte más vital.

Bienestar, Como Conseguirlo

Bienestar… ¿qué es eso?
¿Has pensado alguna vez en qué es para ti el bienestar? Si tu hijo o hija, algún sobrino o nieta escuchara esta palabra, por ejemplo, en la televisión y te preguntara qué significa, ¿qué le contestarías? Inténtalo…
Si te cuesta definir el bienestar no te rindas… esto suele pasarle a la mayoría de las personas. Este fenómeno es muy curioso porque no tendríamos la misma dificultad en definir algo negativo como nuestras experiencias de estrés, pero nos resulta más complicado hacerlo para las agradables y deseables como el bienestar.
Sin duda, el objetivo final que queremos conseguir a través de nuestro bienestar es lograr una mejor existencia. Lo que significa poder ser la persona que uno quiere y poder hacer las cosas que uno desea, al mismo tiempo que obtiene satisfacción personal. Pero, ¿cómo se consigue esto?
Los 4 ingredientes del bienestar
Hay cuatro importantes ingredientes indispensables para sentar las bases de un sólido y duradero bienestar.
  1. El primero es tomar conciencia de cómo te quieres sentir cuando estés bien, qué quieres hacer, dónde quieres estar, etc. Sería contestar a la pregunta inicial de este artículo. Y también entender cuánto lejos estás de este objetivo. En tomar conciencia de lo que significa para ti estar bien, es muy importante el aspecto personal, es decir el sentido que tú das a esta palabra: para ti podría significar, por ejemplo, hacer deporte, tener un trabajo sencillo y rutinario, tener una buena apariencia; para otra persona podría significar comer bien, tener un trabajo creativo y diferente cada día, tener energía. Cada uno tiene su propia definición.
  2. El segundo ingrediente del bienestar es que el proceso para conseguirlo debes empezarlo y llevarlo a cabo tú de forma activa. No lo puede hacer otra persona por ti. Las medidas pasivas (es decir las donde alguien o algo te procura bienestar) proporcionan beneficios temporales, pero si quieres un bienestar duradero debes tener una actitud activa, buscando la mejor solución para ti y ponerte en ella. En una palabra no esperar que el bienestar te caiga del cielo.
  3. El tercer ingrediente para conseguir tu bienestar es tomar las decisiones que más te acerquen a él. Parece muy sencillo, pero ¿cuántas veces has tomado aquel café más que sabias te sentaría fatal? Y ¿cuántas veces no has ido a hacer deporte aunque sabias que te sentaría muy bien? Quienes somos en este momento depende en larga medida de nuestra historia y de las decisiones que hemos tomado hasta ahora. Cada día tenemos oportunidades de elegir una cosa u otra y mientras algunas nos alejan de nuestro bienestar otras nos acercan. Y no hacen falta decisiones radicales: con decidir, por ejemplo, eliminar este café y reemplazarlo con algo que nos siente mejor ya estamos creando la percepción de una persona “nueva”. Con cada decisión que tomamos nos hacemos una persona nueva…
  4. El cuarto ingrediente es la acción. Si tienes claro qué es para ti el bienestar pero no actúas concretamente para conseguirlo… se quedará un castillo en el aire. Recuerda que como actuamos, define quienes somos. Simplemente decidir cambiar algo en nuestra vida es un paso importante que nos hace desear sentirnos diferentes y mejores pero si nos queremos realmente sentir diferentes tenemos que hacer algo para lograrlo. Es decir, por ejemplo, que una vez decidido no tomar este café, tenemos que organizarnos para poner en marcha y actuar esta decisión.
Los tres errores más comunes
La falta de algunos de los 4 ingredientes fundamentales del bienestar lleva a un fracaso asegurado en el intento de conseguirlo: a menudo estamos mal no tanto porque sea imposible conseguir un mejor estado, sino simplemente porque no sabemos definir correctamente este estado que queremos lograr. Sobre todo a la hora de tomar conciencia y definir nuestro propio bienestar, solemos cometer 3 errores muy básicos.
  1. El primero es pensar que el bienestar sea un resultado o algo que tengamos que lograr. No es eso. El bienestar es un proceso continuo de creación de las condiciones para que estemos bien. Eso quiere decir que las decisiones y las acciones que lo promueven deben convertirse en una costumbre, en un estilo de vida, en una rutina que produzca continuamente mejoras a nuestra existencia.
  2. El segundo error que se suele cometer es pensar en el bienestar a través de conceptos expresados en forma negativa: no estar mal, no sentirse cansado, no estar enfermo, etc. Nuestra mente no puede pensar y ver “en negativo”. Si alguien te invita a un viaje diciéndote que no vais a ir a Paris, ¿tienes idea de si te apetece o no juntarte sin saber el destino? Nuestra mente no nos puede ayudar a lograr nuestro bienestar si solo sabe que es lo que no queremos: necesita saber que es lo que queremos.
  3. El tercer error es ser muy poco preciso a la hora de definir el bienestar. La gran mayoría de las personas que no consiguen llevar a cabo un programa de dieta son las que no saben exactamente cuánto quieren pesar al final o qué ropa quieren volver a poderse poner o cómo quieren aparecer. No te limites por ejemplo a decir que tu bienestar significa hacer deporte: ¿qué deporte?, ¿qué frecuencia te sentaría bien?, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿qué nivel de habilidad quieres alcanzar en él?, ¿cómo te quieres sentir haciéndolo?
Si evitas caer en estos tres errores y procuras definir tu bienestar a través de los cuatro ingredientes mencionados arriba, te será mucho más fácil conseguir sentirte más vital.

Bienestar, Como Conseguirlo

Bienestar… ¿qué es eso?
¿Has pensado alguna vez en qué es para ti el bienestar? Si tu hijo o hija, algún sobrino o nieta escuchara esta palabra, por ejemplo, en la televisión y te preguntara qué significa, ¿qué le contestarías? Inténtalo…
Si te cuesta definir el bienestar no te rindas… esto suele pasarle a la mayoría de las personas. Este fenómeno es muy curioso porque no tendríamos la misma dificultad en definir algo negativo como nuestras experiencias de estrés, pero nos resulta más complicado hacerlo para las agradables y deseables como el bienestar.
Sin duda, el objetivo final que queremos conseguir a través de nuestro bienestar es lograr una mejor existencia. Lo que significa poder ser la persona que uno quiere y poder hacer las cosas que uno desea, al mismo tiempo que obtiene satisfacción personal. Pero, ¿cómo se consigue esto?
Los 4 ingredientes del bienestar
Hay cuatro importantes ingredientes indispensables para sentar las bases de un sólido y duradero bienestar.
  1. El primero es tomar conciencia de cómo te quieres sentir cuando estés bien, qué quieres hacer, dónde quieres estar, etc. Sería contestar a la pregunta inicial de este artículo. Y también entender cuánto lejos estás de este objetivo. En tomar conciencia de lo que significa para ti estar bien, es muy importante el aspecto personal, es decir el sentido que tú das a esta palabra: para ti podría significar, por ejemplo, hacer deporte, tener un trabajo sencillo y rutinario, tener una buena apariencia; para otra persona podría significar comer bien, tener un trabajo creativo y diferente cada día, tener energía. Cada uno tiene su propia definición.
  2. El segundo ingrediente del bienestar es que el proceso para conseguirlo debes empezarlo y llevarlo a cabo tú de forma activa. No lo puede hacer otra persona por ti. Las medidas pasivas (es decir las donde alguien o algo te procura bienestar) proporcionan beneficios temporales, pero si quieres un bienestar duradero debes tener una actitud activa, buscando la mejor solución para ti y ponerte en ella. En una palabra no esperar que el bienestar te caiga del cielo.
  3. El tercer ingrediente para conseguir tu bienestar es tomar las decisiones que más te acerquen a él. Parece muy sencillo, pero ¿cuántas veces has tomado aquel café más que sabias te sentaría fatal? Y ¿cuántas veces no has ido a hacer deporte aunque sabias que te sentaría muy bien? Quienes somos en este momento depende en larga medida de nuestra historia y de las decisiones que hemos tomado hasta ahora. Cada día tenemos oportunidades de elegir una cosa u otra y mientras algunas nos alejan de nuestro bienestar otras nos acercan. Y no hacen falta decisiones radicales: con decidir, por ejemplo, eliminar este café y reemplazarlo con algo que nos siente mejor ya estamos creando la percepción de una persona “nueva”. Con cada decisión que tomamos nos hacemos una persona nueva…
  4. El cuarto ingrediente es la acción. Si tienes claro qué es para ti el bienestar pero no actúas concretamente para conseguirlo… se quedará un castillo en el aire. Recuerda que como actuamos, define quienes somos. Simplemente decidir cambiar algo en nuestra vida es un paso importante que nos hace desear sentirnos diferentes y mejores pero si nos queremos realmente sentir diferentes tenemos que hacer algo para lograrlo. Es decir, por ejemplo, que una vez decidido no tomar este café, tenemos que organizarnos para poner en marcha y actuar esta decisión.
Los tres errores más comunes
La falta de algunos de los 4 ingredientes fundamentales del bienestar lleva a un fracaso asegurado en el intento de conseguirlo: a menudo estamos mal no tanto porque sea imposible conseguir un mejor estado, sino simplemente porque no sabemos definir correctamente este estado que queremos lograr. Sobre todo a la hora de tomar conciencia y definir nuestro propio bienestar, solemos cometer 3 errores muy básicos.
  1. El primero es pensar que el bienestar sea un resultado o algo que tengamos que lograr. No es eso. El bienestar es un proceso continuo de creación de las condiciones para que estemos bien. Eso quiere decir que las decisiones y las acciones que lo promueven deben convertirse en una costumbre, en un estilo de vida, en una rutina que produzca continuamente mejoras a nuestra existencia.
  2. El segundo error que se suele cometer es pensar en el bienestar a través de conceptos expresados en forma negativa: no estar mal, no sentirse cansado, no estar enfermo, etc. Nuestra mente no puede pensar y ver “en negativo”. Si alguien te invita a un viaje diciéndote que no vais a ir a Paris, ¿tienes idea de si te apetece o no juntarte sin saber el destino? Nuestra mente no nos puede ayudar a lograr nuestro bienestar si solo sabe que es lo que no queremos: necesita saber que es lo que queremos.
  3. El tercer error es ser muy poco preciso a la hora de definir el bienestar. La gran mayoría de las personas que no consiguen llevar a cabo un programa de dieta son las que no saben exactamente cuánto quieren pesar al final o qué ropa quieren volver a poderse poner o cómo quieren aparecer. No te limites por ejemplo a decir que tu bienestar significa hacer deporte: ¿qué deporte?, ¿qué frecuencia te sentaría bien?, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿qué nivel de habilidad quieres alcanzar en él?, ¿cómo te quieres sentir haciéndolo?
Si evitas caer en estos tres errores y procuras definir tu bienestar a través de los cuatro ingredientes mencionados arriba, te será mucho más fácil conseguir sentirte más vital.

Padres agradecidos, profesores motivados

Final de curso: agradece al profesor de tu hijo su trabajo
El año escolar se acaba. El período que comenzó en septiembre del año pasado toca su fin. Durante este intervalo de tiempo hemos tenido tiempo de ver cómo crecían, en todos los sentidos, nuestros hijos. Éstos ya no son los mismos que eran hace 10 meses. El colegio ha aportado su granito de arena y, concretamente, el trabajo que han hecho los profesores con ellos durante todo el año.
Todos sabemos por experiencia lo difícil que es educar a nuestros hijos. Respetar su personalidad mientras ponemos límites y normas, sacar lo mejor de sus virtudes y minimizar sus defectos, enseñarles los valores que creemos fundamentales, darles un ejemplo con impronta. Realmente todos reconocemos que la educación es más complicada de lo que creíamos en un principio.
Por eso nos parece justo agradecer a los profesores, ahora que acaba el curso, el trabajo que han hecho día a día con nuestros hijos. Es cierto que es su trabajo pero. ¿a ti no te gustaría que tu jefe o tu amigo o un familiar te agradeciera explícitamente el trabajo realizado que, además, te ha costado mucho esfuerzo y en el que has puesto mucha ilusión?
El profesor no solo trasmite conocimientos. Llega a ser un tutor, en todo el sentido de la palabra. Su labor formativa complementa nuestro trabajo como padres y, por más que ésta sea su obligación, creemos que su involucración muchas veces traspasa los límites de lo laboral. Muchos de ellos dejarán una profunda huella en nuestros hijos, incluso sin ser conscientes de ello: les abrirán los ojos, asentarán las bases de su personalidad, les animarán a volar.
Es fácil encontrar en nuestros colegios profesores como el que representa Robin Williams en la película "El club de los poetas muertos". Muchos más de los que sabemos reconocer. Cada uno con su aportación, con su estilo y con sus circunstancias inciden en nuestros hijos añadiendo valor a su moldeable personalidad.
Sabemos que habrá opiniones para todos los gustos pero. los que estamos contentos y satisfechos con la educación que han recibido nuestros hijos. ¿por qué no hacerlo saber?
Ideas prácticas para agradecer al final del curso el trabajo del profesor de tu hijo
  • Casi siempre son los tutores de nuestros hijos los que reciben toda nuestra gratificación, olvidando muchas veces la tarea educativa llevada a cabo por otros profesores como los de inglés, deporte, etc. Es un equipo humano el que educa a nuestro hijo y no solo una persona. Es justo agradecer a todos su esfuerzo aunque el contacto con ellos haya sido menor a lo largo del curso.
  • Piensa que el esfuerzo invertido por los profesores en tu hijo es independiente de los resultados académicos obtenidos por éste. Sé noble y aprecia el trabajo educativo de estos profesionales aunque tu hijo haya suspendido las matemáticas o las sociales. Ellos no se limitan a enseñar solo contenidos. Son pedagogos que abarcan mucho más que un currículum, personas humanas que han sido modelos durante un año de valores para nuestros hijos, en algunos casos, un gran elemento de identificación. Sepamos reconocer su labor humana.
  • A menudo pensamos que unas palabras cruzadas rápidamente a la hora de la salida son suficientes para hacer llegar al maestro nuestro reconocimiento. Pero no siempre es así. Toma un tiempo para escribir al profesor de tu hijo una breve carta de agradecimiento.
    Por ejemplo:
    Apreciado xxx:
    Está a punto de terminar el curso y queremos decirte lo satisfechos que estamos con el trabajo que has hecho con nuestro hijo. Han habido momentos buenos y no tan buenos pero el balance es positivo y queremos agradecértelo con estas palabras. Gracias por tu dedicación y por tu interés a lo largo del año. No ha sido fácil, lo sabemos, pero le has ayudado a madurar y a ser mejor. Recibe un fuerte abrazo de nuestra parte...
  • Permite que tu hijo se percate de tu agradecimiento y que participe en él. ¡Ser agradecidos es el mejor modo de enseñar a nuestros hijos a serlo! Para ello, anima a tu hijo a escribir a su profesor una breve nota (si es mayor) o a dedicarle un dibujo (si es pequeño). De esta manera, le enseñas a reconocer el trabajo bien hecho y el esfuerzo de otros. Le ayudas a mostrar empatía con los demás, a ponerse en el lugar del otro, pensando cómo se debe sentir. Esta es una de las principales habilidades de la tan en boga Inteligencia Emocional.
    Por ejemplo: Carlos, 15 años. Realmente ha conectado con el profesor de matemáticas, uno de los pocos que le ha dejado huella. ¿Por qué no decírselo? Anímalo a que lo haga y supere su timidez. No hay nada vergonzoso en demostrar un sentimiento de gratitud; de hecho, esa humildad le hará más grande.
    Apreciado xxx:
    Gracias por tu ayuda durante todo este año. Te agradezco tu paciencia y apoyo. Ya sabes a qué me refiero. Has sabido escucharme y ayudarme siempre que te lo he pedido. Eres un gran profesor. ¡Más que un gran profesor! y quiero que lo sepas.
  • Comenta con la Dirección del colegio tu satisfacción con dicho profesor o profesores. A todos nos gusta que nuestro esfuerzo sea reconocido por las personas de las que dependemos, por nuestros superiores. Si no tienes ocasión de hablar con la Dirección, una sencilla y sincera nota por e-mail será igual de efectiva.
    Por ejemplo:
    Apreciado xxx:
    Queremos comentarle lo valiosa que consideramos la presencia del profesor xxx en el colegio. Es un gran profesional del que se debe enorgullecer este centro. Un abrazo...
  • Haz llegar a la Dirección una nota felicitando a la escuela por la labor pedagógica y de formación que llevan a cabo.
    Por ejemplo:
    Queremos felicitarle por el trabajo que el colegio está llevando a cabo con nuestros hijos. Educar hoy en día a nuestros hijos no es tarea fácil y sabemos que el colegio hace un gran esfuerzo por ofrecerles la mejor educación posible. Somos conscientes de ello y nos sentimos muy satisfechos con la formación que han recibido este año en él.
  • Las Asociaciones de Padres y Madres de alumnos acostumbran a recibir las quejas de los padres, ¿por qué no podrían también recibir las felicitaciones y hacerlas llegar al/a los maestro/os?
  • Regálale una novela o un libro significativo para ti con una dedicatoria alusiva a la buena tarea que realiza cada día.
  • Invítale a comer o a cenar en tu casa y haz de ello un acontecimiento especial en el que tu hijo se involucre preparando la mesa, ayudando en la cocina o eligiendo los postres.
  • Todos los padres podemos quedar de acuerdo para ofrecerle una cena sorpresa donde poder reconocer explícita y emotivamente todo el esfuerzo dedicado a vuestros hijos.
  • Poneros de acuerdo unos cuantos padres o madres para comprar un libro con hojas en blanco y encabezarlo con una nota de agradecimiento, las firmas de todos los alumnos y un dibujo de su profesor hecho por cada uno. Tratad de "sonsacar" a vuestros hijos anécdotas o acontecimientos significativos para crear/recoger un pequeño diario de aula.

¡SORPRESA, HAY QUE TRABAJAR DURO!

Tú eres lo más importante. El Poder está en Ti.
“Algunas personas permiten que antiguos fracasos frustren sus sueños. Pero los triunfadores usan los fracasos como firmes peldaños hacia sus próximos triunfos”
Dos de los mayores obstáculos para que las personas triunfen en la vida son el fracaso y la fatiga. Les surge una buena idea, le añaden algunos planes y todo resulta bien hasta que se topan con su primer fracaso. O se dedican a trabajar, disfrutan unos cuantos triunfos y luego comprenden que hay mucho más trabajo del que esperaban, y se apagan sus energías.

La perseverancia vence tanto el trabajo como la fatiga. Lleva a las personas a través de la privación y la pesadez. Parte de preservar y seguir adelante es dejar atrás el equipaje del pasado que nos distrae. Algunos de los más grandes enemigos de la perseverancia son los negativistas: individuos que insisten tercamente en algo que no se puede hacer. Recopiladas en: “Yo si puedo” El problema de todas las ideas innovadoras es que rápidamente degeneran dentro del trabajo duro. Desafortunadamente, la falta de capacidad para trabajar duro es lo que hace abandonar a muchos muy cerca de la meta, aunque vayas tras objetivos importantes para ellos.

Otras veces, podría ser el temor a fracasar o una malsana dependencia del apoyo externo lo que hace que la gente renuncie y no cumpla con sus expectativas. Las personas de éxito no solamente demuestran lo que hace un día, sino lo que hace el resto de su vida para lograr su objetivo que lo tiene perfectamente claro.

Lo que hace que la perseverancia sea una parte importante del poder interior para cada día es que sea una característica cotidiana sustentada sobre acciones diarias. Todos los días cometemos equivocaciones, incluso graves, pero siempre hay oportunidades para todos. Para muchos la palabra fracaso no es caer, sino permanecer caído. Definitivamente quien piense así está limitado a la posibilidad de tener una vida plena.
La vida es muy sencilla: Hacemos algunas cosas; muchas fallan; algunas funcionan. Tú y yo nos esforzamos más. Si triunfamos, otros rápidamente nos copian, entonces, debemos hacer otra cosa. Al final del día te aseguro estamos un paso delante de aquellos que esperan de nosotros lo mejor: la creatividad e innovación.

Hemos sido educados, por desgracia, para creer que nadie debería cometer equivocaciones. La mayoría de nosotros somos privados de nuestro ingenio por el amor y el temor de los padres que esperan de uno perfección y sumisión. Sin embargo, estoy segura que todos nuestros progresos se hicieron con equivocaciones. Actualmente descubrimos qué es lo que debemos deshacernos en nuestras vidas: personas y situaciones.

Quienes miran demasiado el pasado, quienes piensan demasiado en lo que pudieron haber sido, están corriendo el mismo riesgo que el conductor que mantiene la mirada muy pendiente de su espejo retrovisor y no está atento al camino por delante. La experiencia es un gran maestro; es el camino en que hemos estado. Pero los baches que quedaron atrás no son los que ahora tratamos de evitar. Lo que ahora cuenta son las curvas de adelante.

Solo trato de lamentarme lo suficiente para aprender, y así no volver a caer tan fácilmente en un error. Algunas personas quedan atrapadas o perdidas en su pasado. Pero el pasado debe entenderse dentro del contexto del futuro.

Puedes aferrar firmemente al pasado a tu pecho y que tus brazos queden demasiado ocupados para abrazar el presente, libera de tu mente la fatiga y los fracasos porque de no hacerlo estarás cavando un presente con futuro fuera de la realidad. Sea que estemos arriba o abajo, la vida continúa. Por tanto, debemos también continuar y persistir si queremos conseguir los sueños que más nos importan.

Recuerda, Tú tienes el Control, Tú eres lo más importante. Que Dios te bendiga, nos vemos el próximo martes. Gracias.

¡Deja de quejarte de una vez!

Las quejas son uno de los principales obstáculos que impiden al ser humano evolucionar y ser feliz. Imagínate un mundo (o sencillamente, imagínate tu hogar) donde las quejas fueran peticiones y los problemas se convirtieran en desafíos. En ese mundo no existirían frustraciones porque no conseguir algo no sería un fracaso sino un reto para perseverar hasta conseguirlo.

Es muy cómodo quejarse. Con las quejas, se atrae la atención de los demás; se consigue ayuda externa y se justifica el mal comportamiento. Las quejas permiten disfrazar nuestra propia culpa y anestesian nuestra voluntad, lo cual nos ayuda a exigirnos cada vez menos viviendo así de manera cómoda y epidérmica.

Cuando te quejas (¡tantas y tantas veces!) de que tus hijos se quejan, ya te estás quejando. Y con tus quejas, reproduces en un círculo vicioso la dinámica de las quejas. ¿Empiezan ellos o tú? ¿Te has parado a pensar cuantísimas veces al día te quejas de algo?

Te quejas del mal tiempo, de lo caro que está el pescado, de tu jefe, de lo que ponen en la tele, de lo mal que funciona tu coche, de lo mal que has dormido esa noche, de lo solo que te sientes, de tu falta de tiempo. Te quejas de tus hijos porque no estudian, no hacen los deberes, no se limpian los dientes, se olvidan las mochilas, se pelean entre ellos, te faltan al respeto.

No te das cuenta pero, sin ser consciente, te pasas el día quejándote. Es una actitud muy humana, incluso es comprensible, pero es agotadora y asfixiante. Y si hicieras un acto de reflexión, te darías cuenta de que tú, en muchas ocasiones, perteneces a este grupo. Claro que la vida es difícil pero. ¿qué ganas con quejarte?

La actitud hacía los problemas debe ser de desafío, de superación y 
optimismo. Si tienes un problema, reacciona y busca una solución. Y si no puedes cambiarlo, acéptalo y que te sirva de lección para el futuro.
¿Qué puedes hacer para reducir las quejas en tu hogar? 
¡Deja de quejarte, por favor! Durante el próximo mes, ponte este objetivo: identificar tus quejas para disminuirlas poco a poco. Para ayudarte, lleva una pulsera, un anillo, una moneda en el bolsillo (cualquier pequeño objeto que puedas llevar siempre encima) y, cada vez que te quejes, cámbiatela de lado. Esto te ayudará a estar pendiente de tus palabras y a identificar tus quejas. Cuantos menos cambios, menos quejas. Y si no puedes dejar de quejarte, selecciona bien las quejas que saldrán de tu boca para que éstas sean las menos posibles y las más importantes.

Poco a poco se eliminarán de tu vida aquellas quejas inconscientes que te agrian el carácter y la de los que están a tu alrededor. Porque, lo quieras o no, una persona que se queja a menudo no es una compañía agradable.
Enséñale a quejarse con motivo: No te quejes que siempre puede ser peor. Algunos de nuestros hijos han crecido con la costumbre de quejarse por todo: de lo que tienen, de lo que no tienen, de sus obligaciones, de la comida o de la ropa. Y se quejan, en muchas ocasiones, porque tienen demasiados privilegios, privilegios que ellos entienden como derechos.
Ni siquiera ellos mismos se dan cuenta de que se quejan. Están tan acostumbrados que ya es un hábito inconsciente. Se quejan porque no piden o solicitan las cosas sino que las exigen, porque primero piensan en ellos y luego en los demás. Y sobre todo porque (lo queramos reconocer o no) no hemos sabido atajar esta conducta desde pequeños y, en muchas ocasiones, hasta las hemos fomentado rodeándolos de demasiadas comodidades materiales y 
sobreprotección. Ni decir tiene que nuestro propio ejemplo a menudo no es muy enriquecedor en este sentido.

¿Qué hacer? Dale motivos para quejarse justamente. Si se queja por limpiar sus zapatos, dile que limpie los de toda la familia.
Si se queja de que no le gusta su cena, no le dejes comer nada (no sufras, tu hijo está muy bien alimentado y no pasará nada si no cena esa noche; la lección merece la pena. Aprenderá que las coles de Bruselas o los guisantes pueden convertirse en un gran privilegio).
Si se queja de que solo le has puesto medio vaso de limonada, bébete la mitad de esa limonada. Entonces se dará cuenta de que antes tenía mucha suerte por tener medio vaso. Ahora solo tiene la mitad de su mitad.
De esta manera consigues dos cosas: que sea consciente de que se está quejando (muchas veces ni se da cuenta ya que forma parte de su estilo comunicativo) y de que se percate de que su queja era gratuita e injustificada y que, de hecho, la situación previa se podía considerar un privilegio.

El secreto para que sea efectivo este consejo es tu actitud. Cuando le corrijas y le des motivos para quejarse, no lo hagas con ironía o a modo de castigo(error: ¡Pues si te quejas por esto, ahora verás!).
Ponte serio y, con cariño y decisión, dile cuando se queje: Solo te he pedido que recojas tus platos, algo que es tu obligación y que esperaba cumplieras sin quejas; ahora quiero que recojas los platos del resto de la familia, además de los tuyos, por favor. Quiero que te des cuenta que antes no tenías ningún motivo para quejarte. Ahora sí puedo entender tus quejas.

Llegará un día en que será suficiente con que digas: No te quejes que siempre puede ser peor o recuérdale un posible lema de la familia: En esta casa no nos quejamos. Estas breves frases actuarán como recordatorio y les ayudarán a corregir ellos mismos su comportamiento.
¿Qué puedes hacer para reducir las quejas en tu hogar?
Un lema de la familia durante todo el mes o incluso el año podría ser este: .En nuestra casa no nos quejamos; ante los problemas buscamos soluciones..
Instaura un día a la semana de quejas para toda la familia. Fuera de este día no se puede quejar. Diles a tus hijos que se apunten las quejas en una libreta (o en su mente) para expresarlas el día de las quejas. Verás como ese día la queja ha disminuido de intensidad, si es que no ha sido olvidada. Y si realmente es muy importante, podrás discutirla con tu hijoese día.

Si un día a la semana es poco, elige una hora al día donde tus hijos puedan quejarse (para los más pequeños es mejor este punto). Fuera de esa hora, no pueden hacerlo. Tendrán que reformular su queja para convertirla en petición o tendrán que valorar si en realidad merecía la pena hacerla o no
Elige un rincón de tu casa para que se puedan quejar tus hijos. Coloca una silla y diles que solo se podrán quejar en el Trono de las Quejas. Fuera de ese trono, las quejas no serán oídas.
Aprovecha las reuniones familiares para que tus hijos puedan formular las quejas/problemas de la semana. Saber que cuentan con la oportunidad de ser escuchados disminuirá la frecuencia de las quejas entre semana.
Ante una queja de tu hijo, no reacciones quejándote. No le digas ¡Ya está bien de quejas! ¡Estoy cansado de tus lloriqueos! Convierte la queja en la descripción de un problema y anímale a que busque soluciones: Vaya, veo que tienes un problema con tu hermano; seguro que encontrarás una solución; siempre me ha gustado de ti tu manera de buscar soluciones creativas. 

A continuación te adjuntamos una lista de expresiones positivas que ayudan a reducir las quejas y a buscar soluciones a los problemas:

Me gustas cuando:

. Te esfuerzas en llegar hasta el final
. Tu manera de analizar la situación
. Cuando expresas tus problemas y sentimientos sin exageraciones
. Tu capacidad de entender tus emociones y las de los demás
. Tu habilidad para mantener la calma
. Tu asombrosa capacidad de convertir tus sentimientos en palabras
. Tu manera de convertir los problemas en pequeños inconvenientes
Enséñale a ser generoso. La generosidad y las quejas son incompatibles. Un niño generoso, dispuesto a compartir sus cosas, su tiempo y su trabajo es un niño optimista, con pocos motivos para la queja.
A veces, es conveniente dejarles experimentar las consecuencias de sus quejas. Juan, 13 años, se quejaba constantemente porque quería unas deportivas nuevas. Sus padres decidieron comprárselas a pesar de saber que no era un gasto justificado. Sin embargo, su euforia cesó cuando, durante una semana entera, su madre le ponía para cenar (a él y a toda la familia) garbanzos. Cuando preguntó por qué cenaban cada día el mismo plato, su madrele contestó: ¿Acaso no querías unas deportivas nuevas?. El presupuesto de una cena más onerosa se había invertido en sus deportivas.

¿Te parece un poco tajante este caso? Esta experiencia vale más que mil palabras. Ofrécele oportunidades para que sea él mismo el que se de cuenta de que su queja (en muchas ocasiones caprichos) no era justificada y de que conlleva consecuencias.
Enséñale a convertir una queja en una petición de ayuda o en una descripción del problema: 

Para niños pequeños: Te oigo pero no te escucho; no lo haré hasta que dejes de utilizar ese tono de queja y me hables con la voz que tanto me gusta oír

Para adolescentes: ¿Quieres repetir lo que acabas de decir en otro tono y con otras palabras, por favor?. Entiendo lo que quieres decir y lo comprendo pero no me gusta que tu petición se convierta en una queja.

Tras la queja se esconde en muchas ocasiones una actitud de pasividad, de conformidad, de egoísmo y de irresponsabilidad. Quejarse es muy lícito y humano pero ¡cuidado! lo grave no es quejarse sino las actitudes que se esconden tras ella. Una queja, en un momento dado con un motivo justificado es una queja aceptable. Una queja fácil, reiterativa, sistemática y gratuita es un signo de alerta.