miércoles, 19 de septiembre de 2012

Crecerse ante la frustración


Seguramente una de las emociones con la que primero tenemos que aprender a lidiar desde que somos pequeños es lafrustración, es decir, el no conseguir aquello que deseamos o perseguimos. Manejar la frustración no siempre es fácil, y es necesario aprender a hacerlo mientras crecemos y llegamos a la edad adulta, para poder aprender a hacer frente a los sentimientos de rabia, ira o desesperanza que suelen aparecer con ella.

Si no aprendemos a hacerlo, cada vez que veamos frustradas nuestras esperanzas nos deprimiremos y nos sentiremos desesperanzados, dejando de lado ese objetivo que tanto hemos perseguido o nos llenaremos de ira y rabia, que se acumularán en nuestro interior y terminarán por afectar a todas las áreas de nuestra vida.

Por el contrario, si aprendemos a manejarla, en lugar de deprimirnos, saldremos fortalecidos, o, como se dice habitualmente, nos creceremos ante la adversidad.

Para ello lo primero que debemos tener en cuenta es asumir nuestros propios límites y limitaciones. Debemos aceptar que existen muchas variables que no podemos controlar, como las circunstancias, el comportamiento de los otros, o la o capacitación que podamos tener en un determinado momento. Saber lo que podemos controlar o no, cambiar o no, nos permitirá manejar aceptar, en un momento dado, el no haber podido lograr aquello que deseábamos.

Hecha esta valoración, es el momento de determinar en qué podemos manejar, qué está en nuestras manos cambiar para tener más posibilidades de lograr aquello que queremos. Si, por ejemplo, queremos ser campeones de los 100 metros, no podremos cambiar la velocidad a la que corren los demás, pero sí podremos mejorar nuestra técnica, entrenamiento, etc., para obtener mejores resultados. Así, nos sentiremos impotentes intentando cambiar aquello que no está en nuestra mano, sino que desarrollaremos nuestras capacidades ante el reto que, aunque aún no esté a nuestro alcance, seguramente sí lo estará más adelante.

Líderes contra el líder. Lecciones de liderazgo basadas en una historia de Roma Antigua


nvierno del 218 a. C., Aníbal Barca devasta con su ejército la península italiana provocando en Roma una terrible confusión y miedo.(1)
Fabio Máximo, cónsul romano, es partidario, conociendo el experimentado pero reducido tamaño del ejército de Aníbal, de evitar una confrontación directa y, en cambio, ayudar a los aliados romanos y esperar a que el cartaginés se desgaste.
Esta estrategia no convence al cónsul Flaminio que quiere evitar a toda costa que Aníbal se acerque más a la amenazada Roma. El cónsul toma la decisión de conducir al ejército contra Aníbal.
En Trebia, el cartaginés le infringe una terrible derrota en la que el cónsul, como gran parte de su ejército, es muerto.
Roma se aterroriza y decide aplicar una medida prevista solo para casos extremos: la República condensa el poder en una sola persona: se nombra dictador a Fabio Máximo que se convierte así, con 63 años, en jefe absoluto del ejército romano.
Máximo nombra jefe de caballería a Marco Minucio y pone en marcha la mencionada estrategia contra Aníbal: desgastarle sin que su ejército entre en combate directo. Sin embargo su renuncia a luchar provoca críticas entre los suyos que comienzan a considerarle un cobarde. Solo Aníbal, dice Plutarco, parece comprender su habilidad.
Marco Minucio, el lugarteniente de Fabio Máximo, comienza a criticar y a hacer campaña entre el ejército contra su jefe. Otros se encargan de hacerlo en Roma.
Eventualmente Fabio Máximo debe marchar a Roma dejando el ejército a cargo de Minucio. Fabio cree conocerlo, impulsivo y orgulloso, y le advierte contra la idea de precipitarse a batallar contra Aníbal.
Sin embargo, una vez solo, Minucio ignora las advertencias y logra vencer en algunas escaramuzas que son interesadamente exageradas y alabadas en Roma. Su orgullo se inflama.
Pronto los críticos de Fabio Máximo instan al pueblo romano a que le destituya y otorgue el mando supremo a Minucio. Aunque no lo consiguen, logran una excepcional equiparación del rango entre los dos: el ejército romano tiene, ahora, dos jefes al mando.
Fabio Máximo regresa al campamento para comprobar que Marco Minucio no cuenta con él. Deciden no alternar el mando sino repartirse el ejército y acampar de forma separada. Aún así, Máximo intenta advertirle de la necesidad de permanecer unidos puesto que el enemigo no es él sino Aníbal. Marco Minucio le ignora.
El general fenicio conoce la situación de los romanos y, siguiendo un plan establecido, incita a Marco Minucio a batallar. Este cae en la trampa.
Fabio Máximo tiene noticias de que su antiguo jefe de caballería está siendo irremisiblemente derrotado por Aníbal.
Antes de seguir, le propongo una pregunta: ¿Qué cree usted que hizo Fabio Máximo? O mejor aún, ¿qué hubiera hecho usted en su lugar?
Imagine que su subordinado, después de buscar su desprestigio y ganar poder a su costa, tras darle de lado, ahora, confirmando sus advertencias, muestra a todos con su derrota que él estaba equivocado y que usted, injustamente vilipendiado, tenía razón.
De la aniquilación del ejército de Marco Minucio habría salido vencedor Aníbal, pero también Fabio Máximo como individuo, dado que su autoridad, poder y prestigio hubieran sido sin duda restituidos en toda Roma.
Sin embargo, ¿habría salido Máximo reforzado como el líder que Roma necesitaba para derrotar a Aníbal?
Cómo podría el eventual ganador de una disputa personal ignorar su propio e inmediato beneficio y comportarse como un líder: recuperando la cohesión del grupo que necesita y gobierna; recuperando a un buen subordinado confundido por su impulsividad, a la vez que fortalece su autoridad, legitimidad y confianza frente a Roma y el ejército.
Veamos qué ocurrió.
Fabio Máximo decide ir a socorrer a Marco Minucio y pone en fuga al ejército de Aníbal. Tras la batalla, se retira sin hacer ningún comentario insolente ni ofensivo sobre su colega.
Probablemente esto es lo que estimula en Minucio su comportamiento ulterior que le lleva a….
… reunir a su ejército para decirles: Soldados, no cometer ningún error escapa a las posibilidades humanas; pero cuando nos equivocamos, aprovechar nuestros fracasos como lección para el futuro, es propio de hombres nobles y sensatos. Por consiguiente, yo confieso que,.....debo bendecir la fortuna, pues, aquello de lo que no me di cuenta en tanto tiempo, lo he aprendido en un instante. Acabo de entender que no tengo capacidad para mandar a otros, sino necesidad de que otro me mande. Para vosotros, en adelante, vuestro jefe es Fabio Máximo.
Tras estas palabras, ante el asombro de todos, se dirige al campamento de Máximo y le dice:
Dos victorias has logrado en el día de hoy: una con tu valor sobre Aníbal; y otra con tu prudencia y bondad sobre el colega en el mando; con esta nos has instruido a nosotros, víctimas de una derrota vergonzosa por aquél pero noble y salvadora por ti. Ahora, yo te saludo con el nombre del buen padre.
Y tras decir esto abraza a Fabio Máximo provocando que todos los soldados hagan lo mismo entre ellos (Plutarco.Vidas Paralelas vol II. Editorial Gredos S.A. Madrid 2001)
En esta historia, Plutarco, otros antes que él y muchos otros después, han señalado a Fabio Máximo como el personaje modélico merecedor de alabanza. Bien, se lo merece. pero para nosotros, que queremos señalar comportamientos que parezcan describir lo que entendemos por un líder, merece la pena atender también a lo que hizo Minucio: en términos de liderazgo no le va a la zaga a Máximo y nos ilustra cómo para comportarse como un líder no es necesario ser el jefe supremo del ejército. Más bien parece estar al alcance de muchos, aunque, aparentemente, solo unos pocos sean capaces de trascender el interés personal en aras de la tarea encomendada y el beneficio general.

martes, 18 de septiembre de 2012

3 frases célebres de los fundadores de empresas


Bien sabemos que las empresas familiares son un pilar fuerte en la economía de las naciones, también sabemos que dan trabajo a más del 80% de las personas alrededor del mundo y que sin ellas no existiría el mundo como lo conocemos.
También sabemos que más del 70% de ellas no sobreviven a una segunda generación y el porcentaje se incrementa al hablar de una tercera generación.
Ahora bien, existen muchas razones por las cuales la supervivencia de las empresas familiares es bien reducida y una de ellas son los temores que tienen los fundadores al hablar del relevo generacional.
Si quisiéramos entrar en la mente del fundador de una empresa, podremos comprender cada uno de los temores que tienen y que son de lo más natural en todo ser humano. Dependiendo de la empresa, es posible de un fundador con muchos años, le dedique más tiempo a la empresa que a su vida misma y ni se diga de su familia, salud, creencias religiosas, recreación y otras actividades necesarias para el desarrollo de un ser humano.
Con todo esto en juego, es normal que el fundador de la empresa tenga temores bien arraigados al momento de soltar el mando y dejar que las nuevas generaciones vengan a apoderarse de la empresa, porque sienten que están tomando las riendas de su vida misma.
Lo expresen o no, aquí enumero alguna de las frases comunes de los fundadores y las posibles soluciones que pueden encontrar. Primero, la frase más repetida es:
…la empresa es todo para mí
Es irónico pero a la vez comprensible en que los fundadores se sientan mejor en la empresa que en su casa, porque es ahí donde pasan la mayor parte del tiempo y es lo que han aprendido a administrar de la mejor forma. Se presentan temores sobre lo que pueden perder si dejan la empresa como el prestigio, el poder, perdida de amigos o hasta la figura de autoridad en su familia. Con esto lo que quizá quieran expresar es que no saben qué hacer si se retiran. ¿En que voy a invertir mi tiempo? ¿Qué actividades me llenan más que trabajar en la empresa? ¿Con quién voy a compartir lo que tengo? ¿Cómo voy a garantizar mi sustento?
Lo irónico de esto es que todas estas preguntas y muchas más que puedan surgir, ya tienen su respuesta, y dicha respuesta se la dimos al momento en que decidimosemprender un negocio o fundar una empresa. No conozco a un empresario que al crear una empresa su intención fuera el trabajar eternamente para ella sin descanso, por el contrario, todos los emprendedores que inician una empresa lo hacen para incrementar el patrimonio familiar y mejorar el nivel de vida. En otras palabras, trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Todos tenemos sueños de conocer el mundo, descansar, divertirnos, disfrutar los bienes que adquirimos y más. Esta es la respuesta a todas esas preguntas, lo que tenemos que hacer es recordar que soñábamos hacer cuando no podíamos para hacerlo ahora que tenemos el tiempo y los recursos. Así mismo, impulsar actividades por el bien de la comunidad ayuda a reenfocar las energías en vez de seguir invirtiéndolas en la empresa.
Ahora bien, si el fundador sigue pensando en que la empresa es todo para él, seguro su siguiente frase será:
…nadie puede dirigir la empresa como yo
Existe la tentación de pensar que no hay ser humano que pueda llegar a conocer y dirigir la empresa como nosotros lo hacemos debido a que tenemos toda una vida con ella. Este temor nace del orgullo natural que tiene toda persona y la necesidad que existe en demostrar sus capacidades hasta el último momento. Cuando se tiene esta forma de pensar es común que un fundador quiera contratar a aquellas personas iguales a ellas para asegurarse, en la medida de lo posible, que harán las tareas y actividades como ellos las hacen. Con esto lo que quieren hacer es delegar funciones en mandos medios, pero lo que en verdad estamos haciendo es contratando clones que hagan las cosas igual de la misma forma en que las han estado haciendo durante todos los años que tiene la empresa. Bajo este enfoque, es imposible que un sucesor pueda tomar las riendas del negocio y llevarlo a mejorar su rendimiento porque estará haciendo las cosas de la misma forma que se han estado haciendo durante años. Es necesario hacer un alto en el camino y buscar opiniones de expertos sobre las debilidades y fortalezas que tiene la empresa sabiendo que todo lo bueno que tiene la empresa es gracias a su fundador y todo lo malo también. Es necesario separar el significado de delegar con perder el control, la propiedad no se pierde hasta que uno muere o decide desprenderse de ella, pero la gestión si es necesario delegarla porque los años no perdonan y las personas no se hacen más jóvenes con el pasar del tiempo. Es de carácter obligatorio para una empresa delegar de forma adecuada y definir los mecanismos de control que utilizara para gobernar la empresa desde la Junta Directiva. Es triste pensar que si un fundador mantiene esa posición al final terminará teniendo la razón, porque, cuando este tenga que irse de este mundo, no habrá persona que pueda dirigir la empresa como lo hacia el fundador porque la empresa morirá con él.
Sin embargo, para solucionar este problema es necesario un cambio de pensamiento por parte del fundador, el cual no existe otra forma de hacerlo que dándose cuenta de lo que perderá si mantiene esta postura. Es necesario pensar en un bien mayor que satisfacer nuestro orgullo, es un sacrificio mediante el cual se obtienen más beneficios que pérdidas y si lo analizamos bien, todo aquel que tiene hijos ya está acostumbrado a hacer esto. Todos los padres sacrificamos muchas cosas y dejamos en segundo plano todo lo que sea necesario con el objetivo de que nuestros hijos salgan adelante y sean hombres y mujeres de bien y que logren dejar su huella en el mundo. Si lo vemos bien, no es tan difícil como parece, simplemente es pensar en el bienestar de la empresa y no en el nuestro, es dejar ese egoísmo a un lado para garantizar que la empresa logre trascender de generación en generación y se pueda crear un legado familiar.
Pero, asumiendo que el fundador mantiene su postura, y sumando las dos frases anteriores tenemos que el fundador sin la empresa no vive y nunca nadie la podrá manejar mejor que él tenemos como resultado que:
…no tengo un sucesor
No nos debiera sorprender este pensamiento porque es un resultado natural, la sorpresa sería que tuviéramos un sucesor adecuado como resultado de una incorrecta actuación. Está claro que no existe forma de tener un sucesor en la empresa si nunca hemos formado a nuestros hijos para ser sucesores del patrimonio que hemos construido. Peor aún es pensar que podemos dejar nuestro patrimonio en una persona que no sea familiar si hemos manejado la empresa de forma incorrecta y lo que tenemos son clones y no gerentes.
Para poder tener un sucesor primero hay que formarlo, llevarlo de la mano mientras conoce la empresa, delegar funciones y responsabilidades sabiendo que tendrá la total autonomía de ejecutarlas y exigir los resultados pertinentes. Lo más importante de la sucesión es saber el momento de retirarse a vivir la vida más allá de la empresa y controlar mediante la Junta Directiva el patrimonio que tanto ha costado construir, manteniendo la armonía en la familia y la rentabilidad en la empresa.

lunes, 17 de septiembre de 2012

¿Qué es la Ley de Atracción?


La ley de la atracción es aquella por la que atraemos a nuestras vidas exactamente aquello en lo que nos enfocamos.
  Somos imanes que enviamos continuamente mensajes al Universo a través de nuestros pensamientos y sensaciones.
  Atraemos a nuestras vidas aquello a lo que prestamos más atención y conferimos más fuerza.

 Nuestra fuerza y nuestro poder son infinitos.
Pongamos un ejemplo claro: una mujer que ha sido criada por una madre que le decía continuamente: "los hombres son todos unos críos". Al relacionarse con hombres siempre va a encontrar aquellos que verifiquen su creencia. El Universo no hace más que cumplir sus deseos. Ella dice: "Los hombres son todos unos niños" y el Universo entiende: esta chica quiere encontrar hombres que sean como ella espera que sean y le envía situaciones en las que encontrará exactamente eso.
  Otro ejemplo: Una persona que ha sido criada en una familia rica en la que nunca tenían que preocuparse por el dinero. Esta persona dé por hecho que el dinero en abundancia es algo natural. El Universo escucha esto y le facilita situaciones en las que el dinero le llega fácilmente.
  Todos disponemos de este infinito poder de atraer a nuestras vidas exactamente aquello que deseamos. 
  Muchos nos preguntamos en este punto, pero si yo quiero ser ric@, ¿entonces por qué no lo soy?, o bien pero si yo deseo una pareja maravillosa y no la tengo, o bien deseo tener una salud perfecta y no es así... Pues bien, el Universo no hace más que cumplir nuestros deseos.
  Cuando "deseamos" algo y no nos llega es porque existe una resistencia. Por ejemplo: un hombre desea ser rico y ganar dinero en abundancia, y se visualiza a sí mismo viviendo en abundancia y siendo rico. Pero nada llega. Tras unas sesiones de coaching se da cuenta de que realmente cuando se visualiza así no se siente bien, "se pone nervioso". De pequeño este hombre creció como muchos de nosotros con la falsa creencia de que los ricos son unos ladrones y de que para que unos sean ricos otros han de ser pobres. Este hombre aprendió a sustituir esas viejas creencias por otras nuevas acordes con sus propios deseos. Así cambió rápidamente las condiciones de su vida. Clarificó exactamente lo que quería conseguir para su vida (que resultó nos ser lo que originalmente pensaba). El Universo es el único espejo que no solo refleja sino materializa nuestros pensamientos y sentimientos o emociones a través de situaciones concretas, cosas,   ¿Te atreves a experimentarlo?

domingo, 16 de septiembre de 2012

Liderazgo y diferenciación. El éxito o el fracaso a la vuelta de la esquina


“El éxito o el fracaso está tan cerca o tan lejos como así lo decidas”. No es una cuestión de distancia sino una cuestión de liderazgo, porque es a partir de tu nivel de pensamiento y de tus decisiones lo que alcanzarás en materia de resultados.
¡El tope de tu eficiencia personal, tiene que ver directamente con el tamaño de tu liderazgo!
Es a través de su liderazgo, que su empresa logra la posición que tiene en el mercado. Se trata de seguir la visión correctamente y accionar día con día para asegurar que se cumpla.
Las noticias de la escalofriante crisis global, siguen corriendo por todo el mundo y con ellas una avalancha de temor e incertidumbre que desalienta y en muchos casos detiene por completo el avance de las operaciones al interior de las empresas y por ende, el incumplimiento de los planes de negocio.
Hoy día paradójicamente he visto distintas caras de la moneda en materia de resultados en la industria en general y que quiero comentarles: Por un lado, estoy viendo que hay empresas que están obteniendo resultados de incremento de sus ventas vs el año anterior, pero sin acercarse al Plan de Negocios que hicieron al inicio del año.
Por otro lado, veo que hay empresas que están por encima del año anterior en términos de un incremento de ventas y mejor aún, están sobrepasando el Plan Proyectado de su crecimiento.
Hay aquellas inclusive, que no están alcanzando siquiera resultados de crecimiento vs el año anterior, a pesar de que nuestro país está creciendo en el orden del 4%.
¿Cuál es la razón de que existan empresas que no alcanzan ni alcanzarán en éste año un buen desempeño, otras que alcanzan a superar lo realizado el año anterior pero sin alcanzar sus planes o presupuestos y otras más que superan con amplitud ambas variables? Sin duda el tope de eficiencia de sus líderes.
Así es, es el liderazgo que se despliega en la organización el que determina los resultados de una empresa. Es el liderazgo el que determina el valor que nos dan nuestros clientes en el mercado. El cierre de año, está a la vuelta de la esquina. El éxito o el fracaso, está determinado por el nivel de influencia de los líderes a lo largo y ancho de la organización. Es el nivel de sus decisiones el que afecta positiva o negativamente los resultados de su empresa, pero éstas decisiones sin duda, están determinadas por la forma en cómo controla sus emociones y pensamientos con respecto a todo lo que sucede en el entorno.
Si usted es de los que se paraliza frente a las crisis, entonces tire la toalla, porque no logrará conseguir más allá de lo que la vida la ofrezca. Si por el contrario usted es de los que ven en las crisis las más grandes oportunidades de diferenciarse, seguirá llevando la delantera.
¡Diferenciarse de sus competidores, no es una obligación, es un compromiso, una forma de vida, una cultura en la empresa!.
He observado, que el común denominador de las mejores empresas del mundo se centra precisamente en el liderazgo de su gente. Están orientadas a formar y a entrenar a sus futuros líderes, desde el momento en que pisan por primera vez sus instalaciones. Es así, como se aseguran de caminar más rápidamente de sus competidores y diferenciarse en la percepción de sus clientes.
Las Empresas de Alto desempeño, perseveran en su afán de desencadenar el potencial de su gente y en liberarlos de toda presión para que se concentren en pensar como nadie piensa, en hacer lo que nadie hace y en reconocer sus contribuciones como nadie lo hace.
Cuando los líderes en toda la organización, asumen su responsabilidad de generar resultados sobresalientes se da lugar a la formación de la Cultura de la Empresa. Todos asumen éste compromiso y se convierten fuente de inspiración para los demás. Ellos están dispuestos a ir más allá que cualquiera en el trabajo cotidiano con los clientes y ven en cada día, una oportunidad de mejorar lo realizado con ellos hasta el momento.
Se hacen responsables de crear frente a los clientes, un sin fin de experiencias inolvidables de servicio, se encargan de dar lo mejor de sí mismos en aras de fidelizar su relación con ellos, buscando alcanzar un rango muy alto de excelencia con ellos. Pero no todo el mundo es igual.
Los líderes que no están alcanzando su nivel óptimo de desempeño, y van incluso por debajo de lo realizado el año anterior, culpan a todo y a cuantos pueden, no son capaces de darse cuenta que el cambio que buscan no está en los demás sino en la forma en que ellos deben liderar a sus equipos. ¡Cuando se trata de culpar a otros, no lo dude, no vea donde no debe, la culpa será siempre de quien dirige!.
Las Empresas que se diferencian de sus competidores, corren por la autopista a gran velocidad, no se entretienen en buscar culpables de lo que no sale bien, ellas capitalizan los errores y aprenden de ellos, están en la búsqueda del aprendizaje, porque saben que es eso y sólo eso lo que les dará una ventaja competitiva sostenible en el futuro.
Han dejado de enfrascarse en el mar de justificaciones que ofrece la realidad actual, puesto que la noticia de la crisis global es una oportunidad excelente para justificar a los miembros de la “Alta Gerencia”, de que las cosas no están bien debido a los factores externos que rodean a su organización. ¡Basta de esas Estupideces!.
No se llega porque no se despliega el potencial de la gente, no se llega porque no se le permite poner a prueba la capacidad creativa a la organización completa. Decídase a soltar esas amarras y permita a los demás hacer su trabajo responsablemente.
Dedíquese en cuerpo y alma a inspirar y a enfocar a otros a alcanzar su más alto grado de eficiencia y por supuesto también, dedique una gran parte de su tiempo a reconocer el trabajo ¡bien hecho!. Premie el Alto Desempeño, enseñe a cada una de las personas que trabajan con usted, a diferenciarse de los demás también a través de alcanzar un desempeño superior. Atrévase a hacer lo que no ha hecho durante mucho tiempo, y esto es, liderar correctamente confiando en su gente.
El ultimo Cuatrimeste de 2012
Es el último empujón del año, le faltan solo 4 meses para nivelar sus resultados en caso que no los tenga consigo totalmente, todavía puede alcanzar su proyecto inicial. Para quienes van por encima de sus planes, es tiempo de continuar haciendo la diferencia para apalancar el año que viene con entusiasmo en el equipo. Un buen cierre de año, motiva al crecimiento, da la confianza de que se pueden hacer cosas mucho mayores.
Es la posibilidad de mantener en alto la moral de las personas y sumarlas a mayores retos y compromisos.
Mientras unos se detendrán por su escaso despliegue de liderazgo, usted tiene la oportunidad de sacar partido de las limitaciones de los demás.
Avance, no se detenga. Éste es el principio de la mejora continua, es aquí donde las Organizaciones de Alto Desempeño convierten en empresas de Continuo Aprendizaje y crean cultura de ganadores.
Sé que las condiciones seguirán como hasta ahora las vemos, quizá empeoren, pero eso que importa cuando se tiene la fortaleza de todo un equipo plenamente facultado para producir diferenciación en cada uno de los proceso de nuestro negocio.
Si usted se atreve a aprender de sus errores, y se decide a avanzar sin descanso, seguramente podrá hacer que su marca sea la que sobresalga obre las demás, porque estará soportada con todo lo necesario para quedarse en la mente de sus clientes, tanto en términos de calidad de producto, como en términos de la calidad de servicio que éste recibe por lo que usted le ofrece.
Es tiempo de tomar de nuevo el timón y marcar el rumbo de su organización, es tiempo de asegurarse de que toda la tripulación no haya perdido el sueño que usted tuvo a inicios de año y si eso sucedió, entonces es tiempo de volver a contárselo a todos para que lo vivan junto con usted.
Es tiempo de recobrar la conciencia, porque a mayor grado de ésta, mejores serán sus decisiones en el futuro, y sus mejores decisiones son sin duda las que crean los mejores resultados, nada más y nada menos, así que ¡manos a la obra!.
No se desanime, no pierda en deseo a crecer. Nuestro propósito en la vida tiene que ver con evolucionar y la Evolución solo se consigue si uno se mantiene cambiando constantemente. Si le podemos apoyar en éste proceso, será un honor, trabajar con usted para alcanzar sus objetivos.
“Deje de justificar sus malos resultados, apoyándose en la realidad del mundo actual y permita que súrjala diferenciación en su empresa, como producto de la liberación del potencial de su gente!.
¡El crecimiento se da a partir de cambiar en forma permanente y cuando se está dispuesto a abandonar la falsa creencia de que lo hemos hecho todo correctamente!
Este es el camino que recorren los líderes a diario.
Reflexiones finales:
“No se trata de tu dirección nada más, se trata de la dirección de todo el equipo cuando de resultados se trata”.
Deje de ser usted el único que decide. ¡Atrévase a poner a prueba el cerebro de su gente! y se llevará grata sorpresa.

"Con mi familia, todo mal II"


"Siento que a veces mis padres quieren obligarme a hacer, sentir y decir las cosas de la manera que les gustaría. Por un tiempo yo sé que va a haber cosas en las que no estén de acuerdo. Quizás yo misma en un tiempo diga, o no, que ellos tenían razón y lo empiece a hacer de otra manera. Ahora trato de ser fiel a mi misma. Incluso los sentimientos que yo misma rechazo de mi, trato de no negarlos para saber qué son, qué significan, de dónde vienen y adónde van". (Juana, 19 años)
Llegaste a la adolescencia y te sientes diferente: tu cuerpo es otro, tus sentimientos son otros, tu manera de pensar es otra. Y como es natural, deseas que los demás noten estos cambios y se comporten tomándolos en cuenta y respetándolos. Desde que ingresaste a la adolescencia, ¿cuántas veces has tenido que decir "no te metas"? Es que tus cambios también están obligando a todos los que te rodean a re-conocerte, es decir, a "conocerte otra vez".

Disfrutas de estar solo y de estar con tus amigos de una manera diferente; ya no esperas que tus padres organicen salidas divertidas sino que las arreglas tú mismo; la relación con tus docentes es diferente; los temas de conversación y las preocupaciones que compartes con tus amigos cambiaron (incluso hasta puede haber ocurrido que hayas cambiado de amigos); observas tu cuerpo y te preocupas por él de una manera nueva. Todos estos cambios que a ti te sorprenden y llaman tu atención, también sorprenden a los que te rodean, especialmente a los que están más cerca como tus padres y hermanos. Por eso se dice que la adolescencia es una revolución que involucra a toda la familia, no sólo a ti.

Y toda esta "movida" suele darse en simultáneo con un momento de la vida de tus padres también bastante especial; se lo suele llamar la "crisis de la mediana edad". Tienen entre 40 y 50 años y están haciendo una especie de "balance de su vida": cómo les fue laboralmente, qué tipo de familia tienen, qué pareja han construido (o no), qué relación establecieron con sus hijos; deben empezar a pensar cómo relacionarse con sus propios padres (tus abuelos), quienes tal vez estén padeciendo enfermedades o trastornos propios de la edad, o incluso partiendo ya de esta vida. En un momento en que tú estás muy ocupado contigo mismo (¡y es muy bueno que así sea!), de pronto puedes perder de vista que "los grandes" no tienen necesariamente "todo resuelto".

Entre todas esas cosas, a veces es difícil para tus padres aceptar que ya no eres "su" nene o nena, que empiezas a ensayar tus primeros gestos de independencia, en suma, que "comienzas" una vida propia, llena de posibilidades, donde ellos ya no son el centro de tu atención ni la única opinión que escuchas. Tu rebeldía, las peleas y tus juicios acerca de ellos pueden ser momentos verdaderamente dolorosos para tus padres (aunque creas que les resulta indiferentes) y también para ti.

Así como sabes que entre los jóvenes existen reacciones diferentes frente a situaciones similares, también ocurre que no todos los padres son iguales y, en consecuencia, desarrollan diversas maneras de comportarse frente a los cambios que se operan en sus hijos adolescentes. Veamos algunos casos.

Algunos padres "se ponen nerviosos" cuando ven que sus hijos son capaces de hacer o lograr cosas que ellos mismos no pudieron, como ir a la universidad o alcanzar rápidamente cierto reconocimiento profesional. Otros quieren que sus hijos hagan exactamente lo mismo que hicieron ellos porque piensan que el resultado fue satisfactorio, por ejemplo, mudarse solos a determinada edad. También están los padres que sueñan con que sus hijos hagan aquello que ellos hubieran deseado hacer y no hicieron, y entonces los presionan para que tomen un cierto rumbo o decisión sin contemplar las ganas o el interés de sus hijos. ¿Para qué te contamos todo esto? Para que comprendas tú también que tus propios padres no tienen "todo claro" ni todas las respuestas para este hijo que se encamina hacia la edad adulta.

"Para cuando terminé el colegio, ya había decidido estudiar Diseño de Interiores. Es una carrera corta y no tradicional: exactamente lo que yo buscaba. Cuando le dije a papá, me miró con ternura, me felicitó y prometió ayudarme. Y después agregó: ‘¿Y cuando termines, qué estudios universitarios piensas seguir?’. Escuchar eso y que me dijera que mi vocación no valía nada, para mí, era lo mismo." (Mariana, 19 años)

Es verdad: no siempre el amor de tus padres los mantendrá alejados de hacer o decir cosas que no son las que más te ayudan a transitar tu adolescencia. Pero es importante que recuerdes que, más allá de los conflictos y las tensiones, seguramente ellos podrán aprender (también) a brindarte la comprensión y el aliento que necesitas.

Cómo enfrentar esta etapa con madurez
Si, en vez de eternizarte en un trono que ya no es sinónimo de veneración sino de lejanía, abandonas ese lugar y accedes a mostrarte frente a tu hijo tal como te encuentras en este momento, estarás facilitándole enormemente las cosa a tu hijo adolescente.
Reconociéndote como un ser humano falible, capaz de reconocer sus errores y de intentar enmendarlos, pero con un enorme amor hacia a tu hijo que te lleva a buscar permanentemente recursos para apoyarlo en todo momento, no lo hará sentirse inseguro –tal como podría ocurrir durante la infancia- sino confiado, contenido, apoyado por una madre y/o un padre que no tendrán mágicos superpoderes para hacer que siempre la realidad se ajuste a sus necesidades, pero se ocupa de buscar la manera de acompañarlo y apoyarlo en este proceso. Es decir, una mamá y un papá que pueden seguir conteniéndolo, aunque de un modo diferente al que lo hicieron durante la infancia.

También podría ocurrir que, por otras parte, la capacidad y los logros crecientes de tu hijo te obligaran a enfrentarte con tus propias capacidades y a evaluar tus logros y tus frustraciones. En este balance, en esta rendición de cuentas ante ti mismo, tu hijo podría aparecer como testigo y hasta como juez implacable de lo realizado.

Puede ocurrirte que se den situaciones en las que temes que tu hijo empiece a incursionar en territorios que tú no conociste como, por ejemplo, la universidad. Tal vez desees que tu hijo haga lo que tú no hiciste y lo presiones sin tener consciencia de que estás haciéndolo, con pedidos del tipo: Cumple mis sueños porque yo no pude. Tuve que trabajar y no pude ir a la universidad.
En cualquier caso, sólo si logras identificarte con la fuerza creativa de tu hijo podrás comprenderlo y recuperar dentro de ti tu propia adolescencia, para acompañarlo en ese salto al vacío que implica este momento de la vida, sin imponer, sin cerrar, sin someter, sin abandonar ni desentenderte.

Y aprender a cuidar de tu hijo sin estar detrás de él (Subt.)
"Necesito saber que ellos también están fijándose en lo que hago, pero quiero que me dejen probar. Quiero que estén detrás de mí de alguna manera, para no permitir que me equivoque." (Erika, 17 años)

El adolescente vive en constante ambivalencia entre el impulso de desprenderse de los padres y la tendencia a permanecer ligado. Exige y necesita vigilancia y dependencia, pero sin transición surge en él un rechazo al contacto con los padres y la necesidad de huir de ellos. Sin embargo, para animarse a crecer y a cambiar, tu hijo debe contar con tu apoyo y el todos los que lo rodean.
Déjame en paz, no me persigas. ¿Por qué no confías en mí? y A mis padres no les importa nada de lo que me pasa, son frases que pueden ser pronunciadas por el mismo joven con diferencia de horas. Más allá de la contradicción íntima respecto de lo que el adolescente de sus padres, puede haber también en ti, como padre, respuestas también contradictorias o ambivalentes que complican la relación.

Algunos padres rechazan el distanciamiento que naturalmente ocurre en esta edad y no aceptan perder el rol protagónico que ocuparon durante la infancia de su hijo. Suelen sentir temor de que los hijos se independicen, ya que les resulta más sencillo manejar a un niño pequeño. Se acostumbraron a decidir por ellos, a sobreprotegerlos y no saben cómo moverse de ese lugar.
Otros padres, en cambio, propician el distanciamiento pero sin que medie un proceso natural. Las transformaciones que sufre el adolescente, tanto físicas como emocionales, generan en estos padres sentimientos de rechazo que intentan paliar otorgándoles a los chicos una libertad tan excesiva que termina por convertirse en desprotección. Los adolescentes, que todavía necesitan depender de ellos aunque reclamen a gritos su autonomía, viven este exceso de "permiso" como abandono.

Es posible y hasta comprensible que, confundido respecto de cuál es ante cada situación la mejor manera de actuar para ayudar a tu hijo, tú mismo adoptes alguna de las dos posiciones extremas anteriormente descriptas o, incluso, las dos, como respuesta inmediata a sus contradicciones. ¿Hay otras opciones para darle al adolescente tanto la libertad como el cuidado que necesita, sin controlar su vida ni desentenderse de él?

¿Qué es la "autonomía vigilada"?
Para apoyar a tu hijo en este proceso, es importante que encuentres alternativas que combinen lo bueno de cada una de las posiciones anteriormente mencionadas: estimulando el desarrollo de la paciencia, la inteligencia, la confianza en sí mismo, siendo tolerante con él y, al mismo tiempo, actuando con firmeza y autoridad cuando llega el momento de marcar el límite requerido.
Tal vez nuevamente pienses al leer estas líneas que una cosa es decirlo y otra muy diferente es hacerlo. Y nuevamente estarás en lo cierto: la instrumentación de las pautas con que das o restringes la libertad requerirá siempre de una constante búsqueda de nuevas estrategias de tu parte.

La idea es permitirle experimentar y ensayar a fin de que desarrolle sus propias capacidades para resolver problemas sabiendo que está siendo cuidado por ti, y que si bien no vas a coartarlo, tampoco lo dejarás ir más allá del límite en cada situación. Vale decir: si acuerdas con tu hijo que va a salir y va a regresar a una hora estipulada y que, en caso de que por una razón válida no pudiese hacerlo, llamará por teléfono para tranquilizarte, es importante que también quede perfectamente claro que el hecho de que él no cumpla con el acuerdo generará consecuencias. Y que si esas consecuencias son restricciones respecto de futuras salidas u horarios, estas restricciones puedan ser sostenidas y no queden en el olvido.

Los límites claros enseñarán a tu hijo a ser responsable, a hacerse cargo de sus actos y a asumir sus consecuencias. Por eso es necesario que las restricciones o sanciones que establezcas sean posibles de ser aplicadas, para no terminar entrampados en castigos que finalmente no se cumplen y terminan invalidando los límites prefijados y, por ende, también tu acción de cuidado y protección.

"Con mi familia, todo mal"


"Siento que a veces mis padres quieren obligarme a hacer, sentir y decir las cosas de la manera que les gustaría. Por un tiempo yo sé que va a haber cosas en las que no estén de acuerdo. Quizás yo misma en un tiempo diga, o no, que ellos tenían razón y lo empiece a hacer de otra manera. Ahora trato de ser fiel a mi misma. Incluso los sentimientos que yo misma rechazo de mi, trato de no negarlos para saber qué son, qué significan, de dónde vienen y adónde van". (Juana, 19 años)
Llegaste a la adolescencia y te sientes diferente: tu cuerpo es otro, tus sentimientos son otros, tu manera de pensar es otra. Y como es natural, deseas que los demás noten estos cambios y se comporten tomándolos en cuenta y respetándolos. Desde que ingresaste a la adolescencia, ¿cuántas veces has tenido que decir "no te metas"? Es que tus cambios también están obligando a todos los que te rodean a re-conocerte, es decir, a "conocerte otra vez".

Disfrutas de estar solo y de estar con tus amigos de una manera diferente; ya no esperas que tus padres organicen salidas divertidas sino que las arreglas tú mismo; la relación con tus docentes es diferente; los temas de conversación y las preocupaciones que compartes con tus amigos cambiaron (incluso hasta puede haber ocurrido que hayas cambiado de amigos); observas tu cuerpo y te preocupas por él de una manera nueva. Todos estos cambios que a ti te sorprenden y llaman tu atención, también sorprenden a los que te rodean, especialmente a los que están más cerca como tus padres y hermanos. Por eso se dice que la adolescencia es una revolución que involucra a toda la familia, no sólo a ti.

Y toda esta "movida" suele darse en simultáneo con un momento de la vida de tus padres también bastante especial; se lo suele llamar la "crisis de la mediana edad". Tienen entre 40 y 50 años y están haciendo una especie de "balance de su vida": cómo les fue laboralmente, qué tipo de familia tienen, qué pareja han construido (o no), qué relación establecieron con sus hijos; deben empezar a pensar cómo relacionarse con sus propios padres (tus abuelos), quienes tal vez estén padeciendo enfermedades o trastornos propios de la edad, o incluso partiendo ya de esta vida. En un momento en que tú estás muy ocupado contigo mismo (¡y es muy bueno que así sea!), de pronto puedes perder de vista que "los grandes" no tienen necesariamente "todo resuelto".

Entre todas esas cosas, a veces es difícil para tus padres aceptar que ya no eres "su" nene o nena, que empiezas a ensayar tus primeros gestos de independencia, en suma, que "comienzas" una vida propia, llena de posibilidades, donde ellos ya no son el centro de tu atención ni la única opinión que escuchas. Tu rebeldía, las peleas y tus juicios acerca de ellos pueden ser momentos verdaderamente dolorosos para tus padres (aunque creas que les resulta indiferentes) y también para ti.

Así como sabes que entre los jóvenes existen reacciones diferentes frente a situaciones similares, también ocurre que no todos los padres son iguales y, en consecuencia, desarrollan diversas maneras de comportarse frente a los cambios que se operan en sus hijos adolescentes. Veamos algunos casos.

Algunos padres "se ponen nerviosos" cuando ven que sus hijos son capaces de hacer o lograr cosas que ellos mismos no pudieron, como ir a la universidad o alcanzar rápidamente cierto reconocimiento profesional. Otros quieren que sus hijos hagan exactamente lo mismo que hicieron ellos porque piensan que el resultado fue satisfactorio, por ejemplo, mudarse solos a determinada edad. También están los padres que sueñan con que sus hijos hagan aquello que ellos hubieran deseado hacer y no hicieron, y entonces los presionan para que tomen un cierto rumbo o decisión sin contemplar las ganas o el interés de sus hijos. ¿Para qué te contamos todo esto? Para que comprendas tú también que tus propios padres no tienen "todo claro" ni todas las respuestas para este hijo que se encamina hacia la edad adulta.

"Para cuando terminé el colegio, ya había decidido estudiar Diseño de Interiores. Es una carrera corta y no tradicional: exactamente lo que yo buscaba. Cuando le dije a papá, me miró con ternura, me felicitó y prometió ayudarme. Y después agregó: ‘¿Y cuando termines, qué estudios universitarios piensas seguir?’. Escuchar eso y que me dijera que mi vocación no valía nada, para mí, era lo mismo." (Mariana, 19 años)

Es verdad: no siempre el amor de tus padres los mantendrá alejados de hacer o decir cosas que no son las que más te ayudan a transitar tu adolescencia. Pero es importante que recuerdes que, más allá de los conflictos y las tensiones, seguramente ellos podrán aprender (también) a brindarte la comprensión y el aliento que necesitas.

Cómo enfrentar esta etapa con madurez
Si, en vez de eternizarte en un trono que ya no es sinónimo de veneración sino de lejanía, abandonas ese lugar y accedes a mostrarte frente a tu hijo tal como te encuentras en este momento, estarás facilitándole enormemente las cosa a tu hijo adolescente.
Reconociéndote como un ser humano falible, capaz de reconocer sus errores y de intentar enmendarlos, pero con un enorme amor hacia a tu hijo que te lleva a buscar permanentemente recursos para apoyarlo en todo momento, no lo hará sentirse inseguro –tal como podría ocurrir durante la infancia- sino confiado, contenido, apoyado por una madre y/o un padre que no tendrán mágicos superpoderes para hacer que siempre la realidad se ajuste a sus necesidades, pero se ocupa de buscar la manera de acompañarlo y apoyarlo en este proceso. Es decir, una mamá y un papá que pueden seguir conteniéndolo, aunque de un modo diferente al que lo hicieron durante la infancia.

También podría ocurrir que, por otras parte, la capacidad y los logros crecientes de tu hijo te obligaran a enfrentarte con tus propias capacidades y a evaluar tus logros y tus frustraciones. En este balance, en esta rendición de cuentas ante ti mismo, tu hijo podría aparecer como testigo y hasta como juez implacable de lo realizado.

Puede ocurrirte que se den situaciones en las que temes que tu hijo empiece a incursionar en territorios que tú no conociste como, por ejemplo, la universidad. Tal vez desees que tu hijo haga lo que tú no hiciste y lo presiones sin tener consciencia de que estás haciéndolo, con pedidos del tipo: Cumple mis sueños porque yo no pude. Tuve que trabajar y no pude ir a la universidad.
En cualquier caso, sólo si logras identificarte con la fuerza creativa de tu hijo podrás comprenderlo y recuperar dentro de ti tu propia adolescencia, para acompañarlo en ese salto al vacío que implica este momento de la vida, sin imponer, sin cerrar, sin someter, sin abandonar ni desentenderte.

Y aprender a cuidar de tu hijo sin estar detrás de él (Subt.)
"Necesito saber que ellos también están fijándose en lo que hago, pero quiero que me dejen probar. Quiero que estén detrás de mí de alguna manera, para no permitir que me equivoque." (Erika, 17 años)

El adolescente vive en constante ambivalencia entre el impulso de desprenderse de los padres y la tendencia a permanecer ligado. Exige y necesita vigilancia y dependencia, pero sin transición surge en él un rechazo al contacto con los padres y la necesidad de huir de ellos. Sin embargo, para animarse a crecer y a cambiar, tu hijo debe contar con tu apoyo y el todos los que lo rodean.
Déjame en paz, no me persigas. ¿Por qué no confías en mí? y A mis padres no les importa nada de lo que me pasa, son frases que pueden ser pronunciadas por el mismo joven con diferencia de horas. Más allá de la contradicción íntima respecto de lo que el adolescente de sus padres, puede haber también en ti, como padre, respuestas también contradictorias o ambivalentes que complican la relación.

Algunos padres rechazan el distanciamiento que naturalmente ocurre en esta edad y no aceptan perder el rol protagónico que ocuparon durante la infancia de su hijo. Suelen sentir temor de que los hijos se independicen, ya que les resulta más sencillo manejar a un niño pequeño. Se acostumbraron a decidir por ellos, a sobreprotegerlos y no saben cómo moverse de ese lugar.
Otros padres, en cambio, propician el distanciamiento pero sin que medie un proceso natural. Las transformaciones que sufre el adolescente, tanto físicas como emocionales, generan en estos padres sentimientos de rechazo que intentan paliar otorgándoles a los chicos una libertad tan excesiva que termina por convertirse en desprotección. Los adolescentes, que todavía necesitan depender de ellos aunque reclamen a gritos su autonomía, viven este exceso de "permiso" como abandono.

Es posible y hasta comprensible que, confundido respecto de cuál es ante cada situación la mejor manera de actuar para ayudar a tu hijo, tú mismo adoptes alguna de las dos posiciones extremas anteriormente descriptas o, incluso, las dos, como respuesta inmediata a sus contradicciones. ¿Hay otras opciones para darle al adolescente tanto la libertad como el cuidado que necesita, sin controlar su vida ni desentenderse de él?

¿Qué es la "autonomía vigilada"?
Para apoyar a tu hijo en este proceso, es importante que encuentres alternativas que combinen lo bueno de cada una de las posiciones anteriormente mencionadas: estimulando el desarrollo de la paciencia, la inteligencia, la confianza en sí mismo, siendo tolerante con él y, al mismo tiempo, actuando con firmeza y autoridad cuando llega el momento de marcar el límite requerido.
Tal vez nuevamente pienses al leer estas líneas que una cosa es decirlo y otra muy diferente es hacerlo. Y nuevamente estarás en lo cierto: la instrumentación de las pautas con que das o restringes la libertad requerirá siempre de una constante búsqueda de nuevas estrategias de tu parte.

La idea es permitirle experimentar y ensayar a fin de que desarrolle sus propias capacidades para resolver problemas sabiendo que está siendo cuidado por ti, y que si bien no vas a coartarlo, tampoco lo dejarás ir más allá del límite en cada situación. Vale decir: si acuerdas con tu hijo que va a salir y va a regresar a una hora estipulada y que, en caso de que por una razón válida no pudiese hacerlo, llamará por teléfono para tranquilizarte, es importante que también quede perfectamente claro que el hecho de que él no cumpla con el acuerdo generará consecuencias. Y que si esas consecuencias son restricciones respecto de futuras salidas u horarios, estas restricciones puedan ser sostenidas y no queden en el olvido.

Los límites claros enseñarán a tu hijo a ser responsable, a hacerse cargo de sus actos y a asumir sus consecuencias. Por eso es necesario que las restricciones o sanciones que establezcas sean posibles de ser aplicadas, para no terminar entrampados en castigos que finalmente no se cumplen y terminan invalidando los límites prefijados y, por ende, también tu acción de cuidado y protección.